Según la Organización de Naciones Unidas, en el año 1950, una de cada tres personas vivía en áreas urbanas. La institución calcula que hoy, más de la mitad de la población vive en ciudades, y que en 2030, esta cifra ascenderá al 60% y en 2050, podría suponer hasta un 75%. El salto cuantitativo es inmenso: a principios del siglo XX menos del 15% de la población mundial vivía en ciudades.

Las ciudades ya son el epicentro del planeta y de su correcta planificación dependerá el futuro de la humanidad. Ya son casi dos millones de inmensos collages que crecen, se vuelven más heterogéneos y poseen un engranaje muy difícil de articular.

En este contexto, el inminente reto es personalizar un entorno cada vez más impersonal y naturalizar una vida que tiende al artificio. Por eso, los nuevos modelos de smart cities o ciudades inteligentes promueven los postulados de sostenibilidad, tecnología, vanguardia, conectividad, desarrollo, eficiencia y bienestar.

Cuatro pilares

A grandes rasgos, podemos considerar smart cities a aquellas ciudades que apuestan por la innovación en cuatro niveles: 

En primer lugar, en sus infraestructuras, fundamentalmente en las que tienen relación con los servicios públicos.

En el desarrollo económico y humano sostenible, mediante una gestión de los recursos naturales respetuosa y eficaz.

En la mejora de la calidad de vida. 

Y, por último, en la relación hacia y entre sus ciudadanos, a través de una administración basada en la participación.

Además, una verdadera ciudad inteligente debería ser capaz de obtener un ahorro con el que atender nuevas necesidades y seguir invirtiendo en desarrollo.

Un mundo de ciudades inteligentes

En el mundo existen ya numerosas propuestas de smart cities. Algunas de nueva creación, como la coreana de New Songdo, al oeste de Seúl, que tiene el objetivo de transformarse en un referente internacional en el ámbito de los negocios. Se calcula que su precio ascenderá a los 35.000 millones de dólares.

Afirma tener la mayor concentración de edificios ecológicos con certificación Leed en el mundo, pero todavía está completamente basada en automóviles, sin ni siquiera una línea de tren al aeropuerto cercano.

En todo el mundo, hay innumerables ciudades nuevas como Songdo en ciernes. Apenas diferenciables, y a menudo diseñados y atendidos por las mismas consultoras internacionales, estos enclaves urbanos de alta tecnología están surgiendo desde Kenia hasta Kazajstán. India se ha comprometido a construir 100 ciudades inteligentes, mientras que África recibe $ 100 mil millones en al menos 20 proyectos.

Desarrolladas y en desarrollo

China, que ha iniciado 500 de sus propios pilotos de ciudades inteligentes, ahora está convocando una serie de puestos de avanzada a través de su iniciativa Belt and Road, desde el puerto seco de Khorgos, en su frontera con Kazajstán, hasta el Royal Albert Dock del este de Londres, renacido como el asiático. Parque de negocios.

Arabia Saudita se ha comprometido a vencerlos a todos con Neom, un megaproyecto de 500.000 millones de dólares facturado como una respuesta a Silicon Valley. Planeado como un centro de energía renovable, biotecnología, manufactura, medios y entretenimiento, se extiende por un área 33 veces el tamaño de la ciudad de Nueva York. Afirma ser nada menos que «el proyecto más ambicioso del mundo»; una incubadora para «la próxima era del progreso humano».

Europa

En el polo opuesto, encontramos a Viena, un claro ejemplo de reinvención a todos los niveles. El experto estadounidense Boyd Cohen considera que es uno de los ejemplos modélicos internacionales de calidad de vida urbana. Y no es casualidad ya que la ciudad de Viena tiene una hoja de ruta muy clara y ambiciosa con el horizonte puesto en 2050. Sólo con una mirada de futuro y que trascienda las agendas partidarias, se puede crear valor a largo plazo.

España no vive de espaldas a esta nueva realidad y cuenta con varios ejemplos de iniciativas que han apostado por el concepto de smart city. La consultora IDC publicó, en 2016, un informe sobre esta materia en el que establecía un ranking de las ciudades que lideran esta tendencia: Barcelona, Santander, Madrid, Málaga y Bilbao.

Social Citiies

Es el sueño de muchos que las ciudades del futuro sean inclusivas, de proximidad, eficientes, verdes y saludables. Pero sin olvidar innovadoras, cívicas, culturalmente vibrantes y conectadas. Todo orientado a la calidad de vida de los ciudadanos.

Sin embargo, en estas grandes ciudades, más allá del progreso, la preservación del medio ambiente, la llegada de la e-administración, la eficacia y el desarrollo cultural, existen ciertas consecuencias sociales, tal vez no tan deseadas. Se ha perdido la cercanía que proporcionaba la plaza del pueblo, las puertas abiertas a pie de calle, la conexión innata en el seno de las áreas rurales.

En este sentido, si el objetivo es mejorar la relación que las ciudades mantienen con sus ciudadanos, además de ser las más innovadoras, las más tecnológicas, las más eco-eficientes, las administraciones deberían ser también las más sociales, las más participativas, las más interconectadas. De lo contrario, se podría perder de vista su principal objetivo: el bienestar de todos sus habitantes.

En este caso, podríamos proponer el concepto de social cities como complementario del de smart cities. Al fin y al cabo, son los ciudadanos quienes configuran la personalidad de un núcleo de población, los que construyen un carácter único y contribuyen de forma determinante a crear cada ciudad.

Colaborando 

El economista de la Universidad de Harvard, Ed Glaeser, dijo que «las ciudades son el mayor invento de la humanidad» y agregó «sino también nuestra mejor esperanza para el futuro». Glaeser remató argumentando que «gran parte de lo que la humanidad ha alcanzado en los últimos tres milenios ha salido de las creaciones notables de colaboración que van saliendo de las ciudades. Somos una especie social». Somos animales sociales viviendo en entornos que deben repensarse, readaptarse y sobretodo evolucionar.

El camino hacia la ciudad inteligente es un proceso largo y nada sencillo. Por eso es necesario un compromiso por parte de las administraciones, fuerzas políticas, servicios financieros, compañías de transportes, empresas de suministro energético, y de la sociedad civil. Las inversiones serán la clave y por ello es básico alinear los intereses de corporaciones privadas o inversores y autoridades públicas. Cada parte debe estar tan comprometida con el logro de los objetivos de los demás como lo están con sus propios objetivos.

En definitiva este desafío no es de unos, gobiernos y administraciones, o de otros, empresas y personas, sino de todos. Y es por ello que en un mundo en el que las ciudades marcan el ritmo del futuro, los gobiernos, las empresas y los ciudadanos se ponen manos a la obra para que las mismas sean cada vez más inteligentes, sociales y creativas. 

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