
La inteligencia artificial, en su búsqueda de imitar la inteligencia humana, enfrenta la paradoja de intentar replicar algo que aún no comprende completamente. La pregunta crucial es si, en su evolución, la inteligencia artificial será capaz de superar esta limitación intrínseca y comprender la complejidad de la mente humana.
¿Podrá la máquina aprender verdaderamente a sentir y entender, o se limitará a imitar respuestas basadas en patrones predefinidos?
En el ámbito del branding, la autenticidad es la moneda de mayor valor. En el resto de ámbito es el conocimiento. La conexión emocional entre una marca y su audiencia se basa en la confianza y la capacidad de entender y satisfacer las necesidades reales de las personas. Si la inteligencia artificial puede llegar a comprender las sutilezas de la emoción y la identidad, podría ser una aliada invaluable en la creación de experiencias e interacciones de marca más ricas y significativas.
En TOTEM Branding, utilizamos la IA, y hemos aprendido a quererla y respetarla.
Aprovechando sus capacidades hemos optimizado, eficientizado y evolucionado procesos. Seguiremos adoptando los paradigmas emergentes y dando prioridad a lo humano, utilizando la tecnología para lo que se creó.
Al observar el mundo actual, encontramos un notable paralelismo con los ideales de la Ilustración. La búsqueda del conocimiento sigue siendo un pilar fundamental para el desarrollo individual y social. La educación, como herramienta para combatir la ignorancia y la superstición, se considera un derecho inalienable.
Asimismo, la defensa de la libertad, la tolerancia y la búsqueda de un mundo mejor siguen siendo valores que impulsan a la sociedad. La participación ciudadana, la libertad de expresión y la lucha contra la discriminación son principios esenciales en las democracias modernas.
La Ilustración sigue viva
La Ilustración fue un movimiento intelectual y cultural que tuvo lugar principalmente en Europa durante los siglos XVII y XVIII, aunque sus raíces pueden rastrearse en el Renacimiento y sus efectos perduraron en el tiempo. Su legado se mantiene vivo en la actualidad.
La preocupación por el bienestar social, la justicia y la búsqueda de soluciones a problemas globales como el cambio climático, la pobreza y la desigualdad, son ejemplos de cómo los ideales de la Ilustración siguen resonando en el presente.
La Ilustración no solo sentó las bases del pensamiento moderno, sino que también nos dejó un legado invaluable: una visión del mundo basada en la razón, la libertad y la búsqueda del progreso para todos.
Entre lo más destacado de la Ilustración:
- Racionalismo y Empirismo: Durante la Ilustración, hubo un énfasis en la razón y la evidencia empírica como las bases para la toma de decisiones y el conocimiento.
- Libertad y Derechos Humanos: La Ilustración abogó por los derechos humanos, la libertad individual y la igualdad ante la ley. Estas ideas influyeron en los movimientos revolucionarios, como la Revolución Francesa y la independencia de los Estados Unidos.
- Separación de Poderes: Montesquieu, un filósofo político de la Ilustración, propuso la teoría de la separación de poderes, que influyó en la estructura de muchos sistemas políticos modernos.
- Voltaire y la Tolerancia: Voltaire defendió la libertad de expresión y la tolerancia religiosa, criticando la intolerancia y el fanatismo.
- Enciclopedia: La Enciclopedia, editada por Denis Diderot y Jean le Rond d’Alembert, fue una compilación de conocimientos que abarcaba desde la ciencia hasta la filosofía, promoviendo el conocimiento y la educación.
- Avances Científicos: La Ilustración coincidió con importantes avances científicos, como los de Newton en física, que influyeron en la percepción del mundo y el método científico.
- Énfasis en la Educación: Los ilustrados abogaron por una educación más accesible y centrada en la razón, con la creencia de que la educación podía mejorar a la sociedad.
Estos son solo algunos aspectos destacados de la Ilustración, un período rico en ideas que influyó significativamente en la forma en que se entendía la sociedad, la política y la ciencia en el mundo occidental.
La imprenta permitió a los académicos replicar rápidamente los hallazgos de los demás y compartirlos.
Una consolidación sin precedentes y la difusión de la información generaron el método científico. Lo que había sido impenetrable se convirtió en el punto de partida de una consulta acelerada. La interpretación medieval del mundo basada en la fe religiosa fue socavada progresivamente. Las profundidades del universo podían explorarse hasta alcanzar nuevos límites de comprensión humana.
La inteligencia artificial generativa abrirá de manera similar vías revolucionarias para la razón humana y nuevos horizontes para el conocimiento consolidado.
Pero hay diferencias importantes.
El conocimiento de la Ilustración se logró progresivamente, paso a paso, con cada paso verificable y enseñable. Los sistemas habilitados para la inteligencia artificial comienzan desde el otro extremo. Pueden almacenar y destilar una enorme cantidad de información existente, miles de millones de elementos. Mantener ese volumen de información y destilarlo está más allá de la capacidad humana.
Los métodos de inteligencia artificial sofisticados producen resultados sin explicar por qué o cómo funciona su proceso.
El proceso por el cual la máquina de aprendizaje almacena su conocimiento, lo destila y lo recupera sigue siendo igualmente desconocido. Ya sea que ese proceso se descubra alguna vez, el misterio asociado con el aprendizaje automático desafiará la cognición humana en el futuro indefinido.
Las capacidades de la inteligencia artificial no son estáticas, sino que se expanden exponencialmente a medida que avanza la tecnología.
Con cada nuevo sistema de inteligencia artificial, están construyendo nuevas capacidades sin comprender su origen o destino. Como resultado, nuestro futuro ahora contiene un elemento completamente novedoso de misterio, riesgo y sorpresa.
La ciencia de la Ilustración acumuló certezas; la nueva inteligencia artificial genera ambigüedades acumulativas.
La ciencia de la Ilustración evolucionó al hacer explicables los misterios, delineando los límites del conocimiento humano y la comprensión a medida que avanzaban.
Las dos facultades avanzaban al unísono: la hipótesis era comprensión lista para convertirse en conocimiento; la inducción era conocimiento que se convertía en comprensión.
En la Era de la IA, los enigmas se resuelven mediante procesos que permanecen desconocidos.
Intrínsecamente, la inteligencia artificial altamente compleja promueve el conocimiento humano pero no la comprensión humana, un fenómeno contrario a casi toda la modernidad posterior a la Ilustración.
La inteligencia artificial, cuando se combina con la razón humana, puede ser un medio más poderoso de descubrimiento que la razón humana sola.
La diferencia esencial entre la Era de la Ilustración y la Era de la IA no es tecnológica sino cognitiva.
Después de la Ilustración, la filosofía acompañó a la ciencia. Datos nuevos desconcertantes y conclusiones a menudo contraintuitivas, dudas e inseguridades fueron disipados por explicaciones integrales de la experiencia humana.
La inteligencia artificial generativa está similarmente preparada para generar una nueva forma de conciencia humana. Sin embargo, hasta ahora, la oportunidad existe en colores para los cuales no tenemos un espectro y en direcciones para las cuales no tenemos una brújula. No se ha formado un liderazgo político o filosófico para explicar y guiar esta nueva relación entre el hombre y la máquina, dejando a la sociedad relativamente sin anclajes.
«¿Puedes predecir el futuro?»
Le pedí a ChatGPT que me explicara sus propias capacidades. Y me respondió. “No, no puedo predecir el futuro. Mi capacidad se basa en proporcionar información y respuestas basadas en datos previamente entrenados. No tengo experiencias personales ni conciencia, por lo que no puedo hacer predicciones o pronósticos sobre eventos futuros. Si tienes alguna pregunta específica o necesitas información sobre un tema en particular, estaré encantado de ayudarte en la medida de mis capacidades actuales.”
En el tejido mismo de nuestra evolución tecnológica, la inteligencia artificial ha emergido como una fuerza transformadora, desdibujando las fronteras entre lo posible y lo inimaginable. Como navegantes en el vasto océano de la innovación, nos vemos enfrentados a una cuestión crucial:
¿Será la inteligencia artificial nuestra aliada leal o, en cambio, una amenaza peligrosa?
Al examinar esta cuestión, es inevitable recordar la esencia misma de la humanidad: la capacidad de crear, de imaginar, de colaborar. Si bien la inteligencia artificial nos promete avances espectaculares en la eficiencia y la automatización, la verdadera pregunta es si será capaz de abrazar la esencia humana o si se convertirá en ella para dominarnos.
En cada reunión, clase, conferencia o foro en los que participo me preguntan ¿qué debería hacer el ser humano para desenvolverse en este nuevo territorio? Un mundo en el que las máquinas ocuparán un lugar cada vez más relevante en nuestra sociedad, desplazando al ser humano de ámbitos que hasta hoy parecían inexpugnables.
Muchos expertos considera a la IA como uno de los principales riesgos existenciales para el ser humano, equiparándola al cambio climático, las armas nucleares o la biotecnología.
Tenemos una certeza: el trabajo va a cambiar de forma significativa en las próximas dos décadas.
Pero ¿Cómo? Es innegable que la inteligencia artificial (IA) está destinada a transformar la naturaleza del trabajo en el futuro. La cuestión crucial que enfrentamos no radica en si la IA tendrá un impacto, sino en la definición de lo que queremos que este cambio represente.
Debemos reflexionar sobre cómo queremos que la IA configure nuestras labores diarias, cómo interactuamos en el entorno laboral y cómo podemos aprovecharla para mejorar nuestras vidas y sociedades.
La conversación ya no gira en torno a la inevitabilidad de la transformación, sino en cómo moldearemos activamente esta revolución tecnológica para garantizar un futuro laboral que refleje nuestros valores, prioridades y aspiraciones colectivas.
Muchos investigadores niegan que el rendimiento de los grandes modelos lingüísticos sea prueba de verdadera inteligencia. E incluso aunque así fuera, la mayoría de los roles profesionales abarcan mucho más que las tareas que pueden realizar esos modelos.
Desde que utilizamos herramientas de IA en TOTEM Branding, el día a día dio un vuelco espectacular.
No bien terminamos de interiorizar al equipo en su buen uso realizamos un proyecto que nos ayudó a analizar que tan bien habían aprendido el uso de ChatGPT y cómo podíamos verlo reflejado en la vida real.
Creamos dos equipos y les dimos el mismo brief, relacionado con la creación de un innovador espacio de retail para el que cada equipo debía proponer al menos 20 ideas para un nuevo desarrollo dirigido a un mercado desatendido o poco entusiasmado con lo existente. Teniendo en cuenta el servicio, las experiencias, lo novedoso, los sostenible y muy humano céntrico.
El Grupo A tenía autorizado utilizar ChatGPT-4 para ayudarles, el Grupo B no.
Los resultados no fueron sorprendentes.
El Grupo A superó con creces al B. En todas las formas en que medimos el rendimiento. Pero lo cierto es que la diferencia no estuvo sólo en la IA, sino en la capacidad del equipo de saber usarla. Dicho de otra manera, una IA sola jamás podría haber alcanzado los resultados que aportó el Grupo A, fue la suma de un trabajo colaborativo la que marcó la diferencia.
Entres nuestras conclusiones, vimos que las personas con menos experiencia obtenían un mayor impulso del uso de la IA. Estaban más ilusionados, sorprendidos y motivados. También que aquellas personas que no enriquecían con su conocimiento, experiencia y sapiencia lo que generaba la IA y se confiaban demasiado se volvían más desatentas o distraídas y tenían menos probabilidades de detectar errores (de redacción, de contenido, de formas) cuando el modelo los cometía.
La IA es, por ahora, un gran copiloto, pero no debemos darle, aún, las llaves del coche.
Desde que las nuevas tecnología nos ayudaron a dejar el trabajo pesado en manos de las máquinas, las personas pudieron centrarse en aspectos más gratificantes de su trabajo. O al menos eso es lo que creíamos que pasaría a niveles más masivos que los que hoy vemos.
La IA generativa no sólo cambiará los trabajos de oficina. Los modelos de creación de imágenes y vídeos podrían hacer posible la producción de flujos interminables de imágenes y películas sin ilustradores, operadores de cámara o actores humanos. Las huelgas de guionistas y actores en Estados Unidos en 2023 dejaron claro que este será un punto álgido en los próximos años.
Aun así, muchos investigadores consideran que, en general, esta tecnología potencia a los trabajadores, no los sustituye.
Al fin y al cabo, la tecnología ha venido a ocupar puestos de trabajo desde la revolución industrial. Se crean nuevos puestos de trabajo a medida que desaparecen los antiguos.
Pero el cambio siempre ha sido y es doloroso. Pero más doloroso es no cambiar.
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