El 8 de septiembre, a las 6.30 PM de Reino Unido, la cuenta de Twitter de The Royal Family @RoyalFamily compartía la noticia: 

«The Queen died peacefully at Balmoral this afternoon.” 

Todos los medios del mundo, así como las redes sociales inmediatamente se hicieron eco de la noticia. 

Un reinado de 70 años llegaba a su fin. Fallecía la persona, la reina, no así su legado, su obra y su marca. 

La monarquía británica ha perdurado y sigue siendo significativa e importante para tantas personas debido a un branding impecable.

La reina Isabel II además de una monarca,  representaba una marca global. 

Y ostentaba la corona británica desde el año 1952. Esta marca ha definido y promovido en cierta medida a la nación británica en todo el mundo, así como en su propio país.

Las marcas son activos cada vez más importantes (nacionales, corporativos, empresariales, personales…) que pueden pulir el perfil de un país, una empresa, o persona y diferenciarla significativamente de otras. 

Y aunque es posible que para muchas personas una marca sólo se asocia a un producto o a un fin meramente comercial, negar el branding de la monarquía británica sería un error.

A través de una lente de marca puede agregarse una perspectiva significativa de por qué ha perdurado y sigue siendo significativa e importante para tantas personas.

La monarquía británica consta de varias marcas: la institución en sí misma, así como la familia real y cada uno de sus miembros.

Una marca no es un logo. Aunque una marca necesita de símbolos.

Los símbolos de la monarquía: 

La corona

La cifra real, el monograma de la realeza reinante, que para la reina Isabel II era «EIIR» (Isabel II Regina)

El escudo de armas real 

Poderosos símbolos de diseño que para esta marca serían similares a las marcas registradas. 

En cuánto a la marca de sus miembros, es difícil encontrar un paralelismo con la marca Isabel II. No sólo por haber estado 70 años al frente de la corona, sino por su coherencia, consistencia y constancia a lo largo de los años. 

Una gran marca no es aquella que no imita a nadie, sino aquella a la que nadie puede evitar. 

La marca Isabell II ha sido construída con rigurosidad pero con la suficiente flexibilidad para moverse a lo largo de décadas de profundos cambios sociales, económicos y tecnológicos.

La marca personal de la reina se estima en alrededor de 50 mil millones de euros.

La monarquía ha “prestado” el prestigio de su marca para respaldar otras marcas de empresas al otorgar órdenes reales de nombramiento. Tienen, según la Asociación de Titulares de Autorizaciones Reales,

 «el derecho a exhibir las armas reales apropiadas en su producto, empaque, papelería, publicidad, locales y vehículos”. 

Alrededor de 630 empresas poseen un Royal Warrant y deberán volver a solicitar su estado. Hasta el momento, ya que no sabemos si Carlos III continuará con esto o lo modificará, más de 600 entidades tienen derecho a marcar sus productos con las Armas Reales y “By appointment to Her Majesty the Queen”, lo que implica que un producto es apto para un monarca.

Algunas marcas como Cadbury, Mason teas, Burberry raincoats, Fortnum, Heinz, Martini, British Sugar, Dubonnet, Gordon’s y Pimm’s, Barbour, Jaguar Land Rover, Boots, Clarins, Molton Brown y Britvic Soft Drinks. 

Para volver a presentar una solicitud, estas empresas deben demostrar que «suministran productos o servicios de manera regular y continua a los hogares reales durante no menos de cinco años de los últimos siete”.

Y una vez aprobados, seguramente cambiarán todos por “Su Majestad el Rey”.

La marca real también está asociada con un valor financiero considerable, con algunas estimaciones que sitúan el valor de capital de la monarquía del Reino Unido como negocio en unos 80.000 millones de euros.

Eso la coloca como la marca más valiosa del Reino Unido. Es una marca más valiosa que Shell, por ejemplo, o Marks & Spencer y muchas otras marcas del Reino Unido.

Incluso más alla. Según Statista, la familia real británica es la quinta marca corporativa más grande y conocida del mundo, solo por detrás de Facebook, Amazon, Google y Apple, e incluso por delante de gigantes como Disney, Nike, Coca-Cola o Microsoft.

El consultor de marca Kubi Springer ofreció otra forma de pensar sobre el asombroso valor de la marca de $50 mil millones de la Reina específicamente: “Nike, Ferrari y Coca-Cola, cuando combinas esas marcas, la marca de la Reina tiene más artículos que esas tres juntas, lo cual es realmente poderoso .”

Por supuesto, el Reino Unido tiene una de las últimas grandes monarquías del mundo y esto, junto con su antigüedad, atrae un interés global considerable.

Los días en que duró el funeral de la reina fueron una cabal demostración del poder, la influencia y la capacidad organizativa y comunicativa de la Casa Real. 

Una puesta en escena para un mundo global que consumió horas y horas de pompa y circunstancia en la que nada quedó librado al azar. 

Una logística, un colorido, un poder de convocatoria sin precedentes. Y por supuesto, una estrategia de fortalecer la monarquía en ausencia, ahora, de su más alto representante.

Me ha encantado este texto del blog Rebeldes Digitales

“Si hay algo que me ha sacudido estos días, fue la actitud de devoción del pueblo británico hacia su reina. Pocas veces he visto una veneración semejante, y sobre todo en estos tiempos post modernos, caracterizados por el narcisismo típico de la gente superficial, egocéntrica, envidiosa y resentida.

El pueblo británico nos ha dado a todos una lección de educación y de respeto. Y sobre todo, nos ha recordado algo que las nuevas generaciones desconocen; el poder del agradecimiento a la fidelidad, al estoicismo, a la entrega, a la responsabilidad y al deber cumplido.

Esos valores hoy están en extinción o simplemente le son desconocidos a muchos de las nuevas generaciones, que nacen y mueren para pensar únicamente en si mismos durante toda la vida.

Pero lo curioso de la devoción es que se devuelve siempre con devoción. Probablemente el mundo no entenderá jamás lo que significó Isabel II para los ingleses, pero la imagen de ese adiós y de ese pueblo unido, sólo te daban ganas de ser británico.”

Una gran marca es una gran promesa cumplida. Y la reina Isabel II cumplió no sólo con el papel que le todo desempeñar desde sus 25 años, sino que cumplió la promesa con su gente.

Su vida ha estado dedicada al servicio de la corona como jefa de Estado, garantizando estabilidad y continuidad en los momentos más complejos del país.

Haber creído en ella, amén de las crisis, transformó a sus ciudadanos en creyentes. En personas que creían en ella, en lo que hacía y en porqué lo hacia. 

Isabel II había dejado claro que no abdicaría. Y así ha sido. Su deber al servicio de la corona duró hasta su ultimo respiro.

Hasta un 8 de septiembre de 2022, en que a través de Twitter nos enteramos que “La reina falleció pacíficamente en Balmoral esta tarde.”

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