No hay divisa más valiosa que el tiempo. El tiempo no puede acumularse, ahorrarse, diferirse, el tiempo es hoy, ahora. Ni el euro, ni el dólar, ni el oro pueden equipararse, el tiempo es la medida de nuestra vida y lo que hacemos o dejamos de hacer con él nos empobrece o enriquece. La lucha del hombre por dominar el tiempo es una ironía. «La idiotez de decir: Dispongo de poco tiempo. Cuando es el tiempo el que dispone poco o mucho de ti» puede leerse en el Diario de Andrés Fava de Julio Cortázar. Pitágoras, cuando era preguntado sobre qué era el tiempo, respondía que era “el alma de este mundo”. 

Este es nuestro tiempo. Y este tiempo nos mira azorados sin entender bien porque corremos aceleradamente hacia ninguna parte. El tiempo, o mejor expresado, la falta de él, es el argumento más utilizado en la actualidad para no hacer, no aprender, no cambiar, no transformar, no conocer, no dialogar, no participar y otra infinidad de noes. De entre todos los recursos del ser humano, ninguno más valioso que el tiempo. Nuestro tiempo.

En el fragor de la llegada del verano al Hemisferio Norte, me sorprendí con las primeras conversaciones que mantuve. La mayoría de ellas tenía que ver con la niñez. Campamentos, colonias, cursos, viajes, y muchos etcéteras. No Hablaron, y mucho, sobre la logística, los programas, los planes, y demases, pero también hicieron hincapié en poder devolverles tiempo para la espontaneidad, la curiosidad, la frescura y la creatividad. “Demasiado tiempo jugando a Fortnite. En Instagram. Minecraft. O chateando en todas sus variantes…”

El freno de mano aplicado en épocas estivales hace que muchos mayores puedan ver y vivir con más tiempo y atención al mismo tiempo. ¿Vivimos como en piloto automático? ¿A merced de la tiranía del reloj? Despertar la consciencia de lo que nos sucede puede resultar trascendente. Sin una conexión real con lo que nos pasa es imposible encarar un cambio. Nuestra sociedad está viviendo un momento de agotamiento digital y a la vez se la ve alienada con tanto estrés.

¿Se puede re pensar el tiempo? ¿Rediseñarlo?

“No tengo tiempo” es el slogan del siglo XXI. Siglo en el que el hombre empieza a dominar casi todas las fronteras, excepto la del tiempo. Sin embargo, el tiempo debería tener el tamaño o la extensión ideal para adaptarse a cualquier tipo de entorno productivo o educativo.

Cuando escucho por enésima vez “no tengo tiempo”, lo que en realidad están diciendo es “quiero cambiar pero seguir igual”. Algo así como cambiar sin cambiar. Es una lucha entre los que prefieren no hacer nada escudados en la falta de tiempo y los que se animan a reinventar el mundo porque no pertenecen a ningún espacio de tiempo. Los primeros no quieren cambiar, no pueden o no saben. No evolucionan, no experimentan, no se quieren equivocar, aunque se estén equivocando. Los segundos intentan realizar una mejor gestión del tiempo, una reinvención del tiempo.

El tiempo. Una de las muchas dimensiones que existen en el universo. Creemos que con internet el concepto del tiempo aportaría una oportunidad de transformar nuestra forma de entenderlo. Hemos estructurado nuestras vidas y nuestra sociedad en torno al reloj. Dividimos nuestro años en meses, semanas y días. Nuestros días en horas, minutos y segundos y construimos rutinas alrededor de estos perídoso. Pero un pueblo en Noruega, Sommarшy, ha decidido poner fin al tiempo y a principios de junio han enviado una petición a las autoridades para abolir este concepto.

Las condiciones geogrбficas de esta localidad son excepcionales: en invierno no amanece por tres meses, tiempo durante el cual viven en completa oscuridad. Y en verano el sol sale por 70 días consecutivos, sin anochecer.

El cerebro es un órgano que está en proceso de aprendizaje permanente. Pero cuando se enfrenta a algo desconocido lo que hace es relacionarlo con algo que ya conoce. Es su ámbito de seguridad, aunque en el fondo el cerebro también se auto engaña. Lo cierto es que al proceso de re pensar el tiempo es desconocido, y a ello se suman las nuevas tecnologías, que también lo son. Para muchos adultos la tecnología también es un nuevo territorio, y ese nuevo espacio los ha alejado más aún de lo esencial.

La avalancha diaria de mails, WhatsApps, redes sociales, información en tiempo real, apps y etcéteras ha llenado nuestra sociedad de estrés y ansiedad, exiliando a la mayoría del aquí y del ahora. Quitándoles  concentración y atención. Y en muchos casos siendo menos productivos, a pesar que la tecnología, se suponía haría el trabajo más eficaz. Lo que hacemos ahora es más que multitasking. Cambiar de tarea a una velocidad inasumible ha hecho personas menos satisfechas, menos productivas,  menos conectadas, generando mayores niveles de ansiedad. 

Ver a alguien pensando, reflexionando es sinónimo de que esta perdiendo el tiempo. Con la ironía de que el tiempo no se pierde salvo cuando no se tiene conciencia de su paso.

Muchos niños y jóvenes también están estresados y sufren ansiedad. Y es cierto, muchos lo padecen. El sistema está diseñado para ello, no para lo contrario. No existe un sistema potenciador del factor humano, de la creatividad y de las emociones. De usar el tiempo y no de ser usados por él.

Es en este periodo veraniego recordamos que lo más importante de la vida, después de la salud, es el amor porque refleja lo más importante del ser humano, la generosidad, la confianza, el dar. El dar sin filtros, sin hipocresía, sin interés y sin intereses. Seguramente con el correr de los días, de las semanas, la conciencia despierte nos re conecte con esa ilimitada capacidad de curiosidad y de conexión con lo esencial.

El tiempo, ese silencioso tirano al que hemos aupado al poder y que nos gobierna tan despóticamente. Pero el mundo ya no es de derechas o de izquierdas, del norte o del sur, de ricos o de pobres, de occidente o de oriente. El mundo se divide entre los valientes y los cobardes.

El mundo pertenece a aquellos que más allá de su nacionalidad, profesión, sexo, edad, religión o idioma hacen del tiempo una herramienta de cambio.

El reloj se inventó con un fin distinto al que le damos hoy. Podemos cambiar el concepto de que el tiempo pasa rápido. Seamos valientes para reescribir nuestra historia. La historia. Y valientes para crear un nuevo tiempo. Nuestro tiempo.

Será necesario abordar los problemas que podría acarrear una nueva concepción del tiempo. Desde el biorritmo, la logística el transporte, los vuelos, la apertura de las tiendas y la atención médica, la relaciones, el amor, entre muchas otras cuestiones. Decía Nikola Tesla que “el individuo es efímero, las razas y las naciones vienen y se van, pero el ser humano permanece”. Nuestra consciencia es para con el ser humano, el de hoy y el de mañana.

El mundo avanza a la velocidad de los rayos. Por eso, quienes sigan dando excusas en lugar de ver las oportunidades que se les presentan, quedarán en el camino, estancados, olvidados por la historia, y se convertirán en actores secundarios de un mundo que los mirará con falsa melancolía, o simplemente los ignorará. En cambio, aquellos que generan el cambio, lo crean, reescriben la historia y diseñan el futuro serán los protagonistas de años intensos, radicalmente veloces, a la vez que ricos en aprendizaje, experimentación y evolución.

Estar conscientes o no estar conscientes es la medida de nuestro tiempo.

De momento, varios habitantes de la localidad noruega han mostrado su apoyo a la iniciativa de vivir sin tiempo. Incluso han colgado sus relojes en un puente a la entrada de la isla como un gesto simbólico para expresar que en Sommarшy no existe la noción tiempo. Puede sonar a una locura, o tal vez no. Al final del día, ¿no es el tiempo el que dispone de nosotros?

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