Todo emprendimiento debería comenzar con esta pregunta: ¿Cómo va a afectar lo que haga a la vida de las personas? Y como la mayoría no se la hace, el 90% de las startups fracasa. O mejor dicho, una de cada diez tiene éxito. ¿Por qué?

Uno de los aspectos más notables de muchos emprendedores con los que hablo es que tienen una buena idea, pero no se han preguntado cómo esa idea tendrá influencia en la vida de la gente. Sin una buena respuesta el emprendimiento está destinado a fracasar. De hecho en Fortune puede leerse que la “principal razón” por la que fracasan las nuevas empresas es: “Ellos hacen productos que nadie quiere”. El 42% de emprendedores que han fracasado identificó la “falta de una necesidad del mercado para su producto” como la principal razón de su fracaso. También conocemos el nuevo “mantra” de fracaso es sinónimo de éxito. Pero no lo tengo tan claro. Hay que intentar, experimentar, explorar, pero sobretodo tener claridad sobre el mercado, sus necesidades, hábitos futuros, como comunicar y tener un equipo idóneo para llevar adelante la visión y transformarla en acción.

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Muchos emprendedores desarrollan apps. Ocho de cada diez apps que se lanzan y se descargan dejan de utilizarse a los 3 días… Pero pregunten por allí si alguien dejó de usar Waze, WhatsApp, Google Maps, Evernote, y podríamos continuar hasta el final del post.

En la actualidad la media de edad de los emprendedores en España ronda los 40 años, pero la juventud no pasa hoy por la edad que recoge el documento de identidad sino por la actitud con la que se enfrentan ante la nueva era digital.Cada vez conocemos más casos de personas que sin importar la edad, han roto los esquemas de su época para generar nuevas empresas, nuevos formatos para entrar en el mundo empresarial. Pero han identificado como su idea mejoraba la vida de la gente. Bill Gates tenía 19 años cuando fundó Microsoft, Steve Jobs 21 cuando inició Apple y Mark Zuckerberg 19 cuando creó Facebook. Mientras que Evan Spiegel cumplía 21 cuando fundó Snapchat y Elon Musk 29 cuando comenzó con PayPal. Los grandes emprendedores se centran intensamente en una oportunidad donde otros no ven nada.

Hoy, cualquier emprendedor tiene suerte, porque nunca en la historia del marketing, la comunicación, la publicidad y los negocios una persona tuvo tantas herramientas para desarrollar un negocio como ahora. ¿Y la financiación? Pues creo que hay mucho dinero en el mundo y no hay en exceso buenas ideas que puedan derivar en nuevos negocios.

En el Branding, ¿qué necesita saber un emprendedor para que su marca impacte? ¿Qué debe tener en cuenta para que se transforme y crezca? No difiere, en esencia de lo que mencionaba al comienzo del post: Si el impacto de tu emprendiendo hace que la vida de la gente mejore, ese emprendimiento tiene recorrido.

Por un momento hay que dejar de pensar que para ser emprendedor hay que vivir en Silicon Valley, las buenas ideas y el talento no conocen de fronteras. Recientemente en un evento sobre City Branding, estuvimos debatiendo sobre los aspectos que las compañías valoran más a la hora de buscar nuevas ciudades donde implantarse. A los ya conocidos argumentos de cargas impositivas, conectividad, seguridad jurídica, se puso por encima de todos ellos el talento de la gente. Si hay una buena relación entre el talento de la gente y los costes, sin duda alguna, este aspecto cambia la aguja de la decisión.

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Nadie tiene el monopolio de las buenas ideas, de los mejores consejos o de las recetas exitosas. Es cierto que hay países y ecosistemas más proclives al emprendimiento, pero hoy es más importante el desarrollo de la idea que la idea. Una buena idea mal implementada es una mala idea.

La educación juega un rol fundamental, tanto en el ámbito académico como en el familiar. Los padres de Richard Branson, el fundador de Virgin, no tenían claro si las ideas y ambiciones de su hijo lo llevarían a buen puerto, pero decidieron confiar en él. “No sabíamos si era 99% estúpido o 1% excepcional. Nos aferramos a ese 1%”, afirmaron Eve y Ted Branson. Leerás a muchos autores que te recomendarán que te equivoques, que te equivoques mucho. Lo siento, no estoy de acuerdo. Hay países y sistemas que educan para que el error sea un aprendizaje, pero no es el caso de Latinoamérica ni de España, donde el error se penaliza. La reflexión que sirve de ejemplo es de Bill Gates: “No lloriquees por tus errores; aprende de ellos.” Esa es la filosofía americana, de caerse y volver a levantarse, más sabio. Pero en Estados Unidos están educados desde temprana edad en esa filosofía. En los países de raíces latinas, el sistema educativo y social enseña que el fracaso es fracaso, y punto.

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Hasta el inicio de los años 90, el proceso de creación de marca ocurrió en el ámbito físico y tangible. A partir de entonces, con un internet más accesible y más masivo, la construcción, además de hacerse en el off-line, se hace también en el online. La mayoría de marcas, por no decir todas, construyen hoy su mensaje, su comunicación y sus valores en ambos ámbitos. Pero lo más importante es como mejoran la vida de las personas. Esas son las relevantes. Si las personas no son importantes para una marca, esa marca no será importante para las personas.

La marcas parten de un error si creen que por no tener una presencia digital la gente no habla de ellas. Puedes ser una pequeña empresa y no tener perfil en Facebook, Twitter o una web y la gente puede estar criticándote o ponderándote, depende de tus productos y/o servicios.Sí que es cierto que la construcción de una reputación puede llevarte toda una vida y cargártela en segundos.Lo que no es comprensible es no establecer una relación en todos y en cada uno de los puntos de contacto con sus clientes. Ello se traduce en oportunidades perdidas y todos somos conscientes que las oportunidades que uno pierde las coge la competencia.

Las condiciones ideales para los emprendedores no existen ni van a existir. Si alguien espera el momento oportuno pasó y el segundo mejor momento es hoy… Es importante tener en cuenta que estamos empezando la segunda era de las redes sociales. Terminó la primera, necesaria, de exploración, de prueba, de error y muy efímera. La gente y las empresas buscaban una presencia en las redes apalancada en la cantidad de seguidores. La segunda era de las redes sociales  tendrá que ver con la tangibilización del tiempo, los recursos y el dinero invertido para estar en este ámbito y en la rentabilidad y el retorno que puedas obtener. Hay que pasar de lo efímero a lo útil, de la cantidad a la calidad. Es una era apasionante donde hay muchísimo humo y muchísimos más vendedores de humo. El acceso a esta cantidad de información no nos hace más inteligentes, sino que nos proporciona más herramientas para tomas más decisiones.

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Manuel Campo Vidal decía en días pasados que “en nuestro país muchos jóvenes ingresan al colegio queriendo ser astronautas y salen queriendo ser funcionarios” (matizó que el no tiene nada contra los funcionarios). Lo más destacado del espíritu emprendedor que no ponen su futuro en manos de nadie, sino en la de ellos mismos. El siglo XXI observa como se ha transformado en esencial invertir en uno mismo. Es un nuevo camino, no exento de dificultades, pero que claramente vale la pena afrontar.

Cada vez que emprendo me vuelvo a preguntar ¿cómo va a afectar lo que hago la vida de la gente? Si la respuesta es positiva sigo adelante con mi plan. Si la respuesta es negativa, paso página y continuo al siguiente capítulo. En el libro de los emprendedores quedan muchas páginas en blanco por completar.

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