The Rolling Stones

En los últimos meses 4 buenos amigos han cruzado la barrera de los 65 años. Tres ya se jubilaron y uno está a punto de hacerlo. Son personas con una trayectoria impresionante, con una reputación intachable y sobre todo con una experiencia invalorable.

Los cuatro nacieron cruzando el Ecuador del siglo XX, allá por 1951. Y los tres han vivido la mayor transformación en el mundo de la empresa de la que se tenga conocimiento. Todo, o casi todo, ha cambiado. El mundo, la comunicación, la relaciones, la globalización, la mundialización, las nuevas tecnologías, los modelos, las visiones. Los cuatro han navegado estas aguas turbulentas con la maestría de un profesional del surf.

Ser “viejo” en este mundo de obsolescencias programadas y en donde todo es descartable, lo más complejo es luchar contra los prejuicios. Me refiero a los prejuicios que invalidan a nuestros mayores sin siquiera poner en valor aquello que sólo los años pueden aportar: experiencia.

Cada vez que los veo, y hablo con ellos (aunque prefiero escucharlos) me sorprendo. El caudal de experiencia acumulada en sus mas de cuatro décadas de trabajo no tiene precio. Su energía es desbordante y sus ganas por seguir aprendiendo ilustran su sabiduría. Y yo me pregunto cada vez que los veo ¿Cómo es que la sociedad no se preparó para poder poner en valor toda esta experiencia? Entiendo que después de tantos años de trabajo, se merezcan un buen descanso, pero ¿Y que pasa con su experiencia? ¿La jubilamos también?

Se da la circunstancia de que el foco de atención de las empresas está puesto en la Generación Y, los “millennials”. Jóvenes que serán los lideres –y consumidores- del mañana. Un grupo de personas nacidas entre los comienzos de los años 80 y el fin del siglo XX. Y no esta mal que se les preste atención. Sin embargo, hecho en falta un debate sobre como canalizar y no perder, el cúmulo de experiencia de mis tres amigos y de otros miles, cientos de miles de “viejos” que dejan el trabajo, y con ello su contribución a la sociedad. La sociedad necesita aprovechar las lecciones de la experiencia. La experiencia no consiste en lo que se ha vivido, sino en lo que se ha aprendido. Las tribus a lo largo de la historia tenían en el “anciano” al referente del grupo. Esencialmente su sabiduría radicaba en su experiencia. En la actualidad lo viejo está mal visto, se desacreditan los años y se menosprecia su saber.

Hace ya tres años que un colega que vino de Australia me dijo que las inversiones que se estaban manejando para “la edad de oro” eran cada vez más importantes. La formula era sencilla: la gente vive cada vez más –y en la mayoría de casos, mejor- y ni el mundo ni su economía están preparados para esto.

En los últimos años muchas marcas han empezado a invertir en este nuevo “nicho de oro”. Gente de más de 65 años, vitales, con cierto poder económico y tiempo libre. La mayoría de desarrollos se apalancó en dos grandes pilares: el ocio y la salud. El fenómeno de la “vida eterna” parece haberse instalado para no irse. El cambio que estamos transitando es muy profundo, nuestros mayores viven y vivirán cada vez más.

Pero no hay un plan o una conciencia sobre como poner en valor la experiencia adquirida por estos “seniors” en el sentido más admirado de la palabra. Ni Google ni ninguna nueva tecnología puede atesorar la experiencia vital de estos “sabios” de la tribu del siglo XXI.

Lo digital ha creado la idea de “juventud exitosa” y ha hecho que los mayores crean que ellos no están dispuestos a escuchar y a aprender. A la vez, quizás, los jóvenes no entienden porque los mayores no comparten su experiencia con ellos.

Aldous Huxley reflexionaba sobre la experiencia diciendo que ella no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede.

Estamos a tiempo de poder crear un canal para que los “jubilados” puedan transmitir toda su experiencia, no sólo para no volver a cometer errores del pasado, sino para poder surfear la ola del futuro de la mano de expertos navegantes.

Menciono el caso de mis cuatro amigos porque creo que nuestra sociedad no se puede dar el lujo de prescindir de ellos. Su experiencia sumada a este cambio de era podría sernos más útil que nunca. Podemos evitar caer en las sabias y expertas palabras de Laurence J. Peter “sólo una cosa es más dolorosa que aprender de la experiencia, y es, no aprender de la experiencia.”

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1 Comment
  1. Lorenzo Morales Marsella

    Me congratuló de leer cosas como esta, pero me entristece sentirme dentro del ello. Y No solamente debería de ser válido para la cúspide de la pirámide.

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