Casi todo el mundo quiere un futuro mejor. El futuro no es una promesa o un sueño sino el resultado de las acciones que decidimos hacer hoy. Sin una visión de futuro que no esté acompañada de acciones, el futuro estará en manos de terceros. Mientras, la gran mayoría de la población mundial está muy focalizada en el hoy: trabajar o conseguir trabajo, comer o conseguir comida, no contagiarse o curarse, vivir los últimos años de su vida con dignidad o vivir los primeros años de su vida con esperanza y luego, un montón de etcéteras.

Mientras el mundo ve cómo se resquebrajan viejos modelos, lo esencial sigue siendo lo mismo. Sin embargo, hay un ámbito de nuestro presente, el futuro, al que no le estamos prestando demasiada atención. Es probable, que muchos penséis: pero sin presente no hay futuro. Y es posible que unos pocos digaís, sin futuro, ¿para qué el presente? Más allá de circunloquios filosóficos, que son importantes, cada mañana comenzamos a vivir el presente de un futuro que imaginábamos el día anterior. 

El foco en la supervivencia, en este momento coyuntural, es pasmante: en algunos ámbitos sociales, es salvar a la empresa del cierre o la quiebra; en otros es poder conseguir algo de comida, para no morir antes de hambre que de covid-19.

Pero el mundo post moderno no sabe lo que significa cuarentena, ni se pone en hibernación, ni comprende conceptos como ahora. En este mundo, todo se mueve, a veces por inercia, muchas veces por el impulso de un sistema que necesita ver salir humo de sus chimeneas. Y entonces surge la pregunta ¿Quién está creando el futuro? 

¿Hay un plan? 

¿El futuro es muy parecido al hoy, pero con mejoras en algunos ámbitos? En vez de trabajo o teletrabajo, una postura intermedia. En vez de coches con combustible, vehículos eléctricos. Una educación que comparte un tiempo en el ámbito físico y otro en el virtual. Comprar en establecimientos offline pero también online. La hibridación de nuestros hábitos y conductas son la nueva normalidad.

Estamos alumbrando, entonces a la Generación Híbrida, que no conoce de edades sino de formas de vivir, trabajar, estudiar, compartir.

Pero, decía, ¿hay un plan? Un plan que vaya más allá de estos ámbitos. Un plan que contemple el tipo de modelo de sociedad que se busca; más allá de ideologías. 

¿Esta el futuro ahora en manos de un grupo de programadores, o de matemáticos, o de científicos, o de diferentes inteligencias artificiales, o de inversores de capital riesgo o de un nuevo poder al que cuesta ponerle cara y nombres?

El mundo no se detiene y resulta curioso que haya pocos ámbitos en los que se está discutiendo el futuro, en su sentido más amplio. Imaginemos un foro que sume a políticos, hay algunos buenos, a empresarios, a agentes sociales, pero también a algunos abuelos de más de 70 años, a algunos tecnológos, a algunos maestros de escuela, de los que no solo enseñan, sino también despiertan. Sumemos a algunos historiadores, filósofos, diseñadores, arquitectos, ingenieros, expertos en ciencia, psicología y antropología. Establezcamos una agenda, más allá de la Agenda 2030, que es una gran iniciativa, pero el 2030 es mañana, y hay que pensar y crear para los próximos 50, 100 años. 

Las nuevas generaciones: Generación Híbrida

Una reunión de profesionales que no se vean condicionados por un resultado electoral, o un impacto coyuntural, que tengan la capacidad de concebir e implementar un plan que ayude a construir un futuro mejor, para que afecte a este presente. No me animo a definirlo en soledad, ni a ponerle nombre a ciertas cosas. Pero estoy convencido que el futuro no puede estar en manos de aquellos que no conocemos, cuyos planes no son compartidos y con objetivos fuera de nuestro conocimiento. 

Pero hay una alternativa, en vez de dejar que ellos se apropien de nuestro futuro, pongamos sobre la mesa o la pantalla, cómo deseamos que sea el devenir de lo humano. La gente común, la sociedad, tienen derecho a saberlo y más derecho aún a participar en la creación de un progreso y una prosperidad que nos incluya a todos y mejore aquellos ámbitos de la vida mejorables, casi todos. 

Tú eres el futuro.

Mientras somos testigos y protagonistas de cómo se resquebrajan viejos modelos, lo esencial sigue siendo lo mismo: vivir dignamente, trabajar, que el Estado de Derecho se consolide, respeto por nuestras libertades y compromiso con nuestras obligaciones, espacios para la cultura, el ocio, el amor y una buena educación como base de una sociedad más cívica, empoderada, creativa, libre y responsable.

Sin embargo, todavía hay un ámbito de nuestro presente, el futuro, al que no le estamos prestando demasiada atención. Y no podemos ignorar este compromiso. Es probable, que muchos penséis: pero sin presente no hay futuro. Y es posible que unos pocos digaís, sin futuro, para que el presente. Más allá de circunloquios filosóficos, que son importantes, cada mañana comenzamos a vivir el presente de un futuro que imaginábamos el día anterior.

Nuestro momento es ahora, y nuestra responsabilidad no puede tercerizarse, ni automatizarse, ni digitalizarse. El futuro depende de cada uno de nosotros. 

 

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