Tuve la fortuna de estudiar Relaciones Internacionales en una época apasionante de nuestra historia. Fue justo después del fin de la guerra fría y de la caída del muro de Berlín, en una década en que se alumbraba un nuevo orden mundial. El comienzo de los años 90 nos encontró estudiando hechos inéditos con el periódico, ya que la mayoría de libros de texto empezaban a estar desactualizados. Los profesores se encontraban ante un mundo nuevo, para los alumnos lo nuevo era la norma. Recuerdo aquella era como un espacio de debate sobre lo que sucedía y hacia dónde iríamos. Los profesores nos recordaban el pasado del que veníamos y nosotros imaginábamos el futuro hacia el que queríamos ir. En cualquier caso fue una época apasionante.

Con los años uno aprende que la historia de nuestra sociedad es como la de un péndulo. Nunca está en el mismo sitio, oscila permanentemente, pasando de ciclos positivos a ciclos negativos y viceversa. Un devenir de lo nuevo a lo viejo en donde el hombre tiende a repetir errores. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y le echa la culpa a la piedra. Tal vez la idea del péndulo es la de la percepción que se crea el hombre; es decir, más que una realidad, juega lo que se percibe sobre ella. Una misma realidad puede ser percibida de mil maneras diferentes. En la Era Digital la construcción de un nuevo imaginario y de nuevas percepciones está al alcance de casi todos. ¿Estamos ante un nuevo orden mundial o una nueva transformación global? Ni lo nuevo es tan nuevo, ni lo viejo tan viejo.

Potenciando todo esto por el fenómeno de las denominadas “fake news” (las noticias falsas) que corren, aún, como reguero de pólvora por la mecha de las redes sociales. Estamos convencidos de que la percepción que tenemos del mundo exterior es la correcta. Es interesante el fenómeno del hombre que elige autoengañarse para no tener que lidiar con la “realidad” imperante. Cada uno cree que lo que está viendo es lo verdadero, pero en este mundo de imágenes multipantalla y en tiempo real, no hay nada más incierto que la realidad. Existen algunas pruebas que confirmarían que los estímulos relacionados con Internet pueden distorsionar la percepción del tiempo debido a los mecanismos relacionados con la atención.

¿Os acordáis de la incertidumbre política que reinaba en España hasta fines de 2016? Hoy parece ser un recuerdo lejano. España parece normalizada, estabilizada y en crecimiento. A tal punto que hasta el influyente periódico The Washington Post se animó en un editorial a pedirle que asumiera el liderazgo en el seno de la Unión Europea.¿Está España tan bien hoy? ¿Es el mundo tal caos? ¿Europa está tan mal?

En esta coyuntura difícil de contextualizar es importante tener una visión a largo plazo de las perspectivas sociales y económicas globales. Lo cierto es que a pesar de tanta tecnología, datos y algoritmos son, de hecho, muy difíciles de pronosticar. Quedó en evidencia cuando The New York Times, basado en fórmulas inteligentes, pronosticaba el triunfo de Hillary Clinton (85 % de probabilidades versus 15 % del actual Presidente de los EE.UU). Ni falta hace que recordemos que sucedió con el Brexit o con el referendum por la paz en Colombia.

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El nuevo orden mundial ni es nuevo ni ordenado.

El primer uso de la expresión nuevo orden mundial aparece en el documento de los Catorce Puntos del Presidente norteamericano Woodrow Wilson después de la Primera Guerra Mundial para la creación de la Liga de Naciones. Este nuevo orden se refería al comienzo de un nuevo período de la historia en el que se manifiestan cambios profundos en las ideologías políticas y en el equilibrio de poderes.

Unos sesenta años más tarde, esta expresión volvió a los titulares de los medios, especialmente con el final de la Guerra Fría. Los entonces presidentes de Estados Unidos y la Unión Soviética, George H. W. Bush y Mikhail Gorbachev usaron el término para tratar de definir la naturaleza de la posguerra fría y el espíritu de cooperación que se buscaba materializar entre las grandes potencias.

Los últimos acontecimientos parecen marcar el comienzo de una nueva era para la geopolítica internacional. Estamos en presencia de un nuevo nuevo nuevo orden mundial (ya que sería la tercera vez que lo utilizaremos). Para algunos un nuevo (des)orden mundial.

Han sido sobre todo cuatro hechos los que han acelerado este nuevo proceso. El brexit, la elección de Donald Trump, el renacer de la influencia rusa (justo en el año del centenario de la revolución rusa y a 150 años de la publicación de “El Capital” de Karl Marx) y el terrorismo extremista. Existen otros factores de preocupación, como el calentamiento global, cuyo impacto es más preocupante que todos los anteriores combinados, pero aún no tiene llegada a la gente y, por tanto, es ignorado por la mayoría.

En estos días de futurología y predicciones nadie puede decir a ciencia cierta cómo será el nuevo (des)orden.

Pero si nuestra sociedad quiere comprometerse a forjar un futuro prometedor para las generaciones venideras, entonces el gran esfuerzo que tomará detener la degradación ambiental del planeta dominará los asuntos mundiales durante las próximas décadas.

Ninguno de estos cinco factores son nuevos. Todos han sido parte de largos procesos de incubación que ahora se han manifestado. Pero que nadie se confunda, todos estos hechos están íntimamente relacionados.

El año 2017 adicionará al cambio reinante las elecciones presidenciales en Francia (según The Economist“la próxima revolución fracesa) y las elecciones generales en Alemania y por encima de todo el Congreso del Partido Comunista en China. El presidente de China, Xi Jinping, advirtió que una guerra comercial “no beneficiaría a nadie y que no tiene sentido culpar a la globalización económica de los problemas del mundo.”

Muchos países y cada uno con su visión, sus objetivos, sus aliados y sus compromisos. En un escenario global complejo y volátil, vemos como los países buscan refugio ante la incertidumbre. A la vez que un total de 211 países y/o territorios forman parte de la FIFA, aunque su número es fluctuante en consonancia con el nacimiento, la reunificación o la desaparición de los estados. En The FIFA/Coca-Cola World Ranking la campeona del mundo de Sudáfrica 2010 aparece en el décimo lugar. Y si hablamos de Coca Cola no debe sorprendernos que en más de 200 países se encuentra la marca de la multinacional de Atlanta. Me dijo hace algún tiempo un directivo de la multinacional que “hay más embajadas de Coca Cola en el mundo que de España.”

Desde 1990, la población mundial ha pasado de 5.200 a casi 7.400 millones de habitantes. Para el año 2050 se estima que la población mundial será de 9.700 millones de habitantes, 8 % de los cuales hablarán español como lengua principal.

La buena noticia es que, incluso a pesar del incremento de la población, el número de pobres ha descendido de casi 1.960 a menos de la mitad (702 millones). La disminución en el porcentaje de población que vive con menos de 2 dólares al día (la medida de referencia del Banco Mundial para definir pobreza extrema) es de tal magnitud que descienden las cifras relativas y también las absolutas.

Quizás en esta era Digital hablar de pobreza resulte extraño, pero no lo es. Lo que si deberíamos hacer es sumar esfuerzos al objetivo de los organismos internacionales de reducir la tasa de pobreza extrema por debajo del 3% en 2030 (ya estamos más cerca del año 2030 que del año 2000). Por debajo de dicho 3% el Banco Mundial cree que se podría hablar por primera vez de fin de la pobreza.

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Muchos de los nuevos desafíos pasan por Internet

Entre tantos países luchando por la predominancia internacional, un imperio silencioso se está erigiendo como el más influyente dominador global: el imperio de internet. Un imperio que está absorbiendo el poder y la influencia de los estados. Las compañías de este nuevo imperio no solo controlan la industria de los datos, sino que también empiezan a influir significativamente en la economía global y, por tanto, en el impacto social y cultural.

La Red se convirtió hace años en el primer medio más usado en el planeta; y el móvil en el primer medio de acceso a Internet. Alphabet (Google), Facebook, Amazon, Microsoft, Oracle,  llegarán a tener el poder de transformar economías globales con su presencia tan transversal y cada vez más ubicua. Para la revista Fast Company “el nuevo orden mundial es gobernado por las corporaciones globales y las megaciudades-no los países. A medida que las ciudades y las empresas ganan en influencia y el poder de los estados-nación disminuye, el mundo está experimentando una transformación sísmica”. Pregúntese, sinceramente: Si Liechtenstein o Guinea-Bissau desaparecieran de la faz de la Tierra, ¿se daría cuenta realmente? Ahora, ¿qué pasa si Google desapareció de su navegador de Internet?

El imperio crece, las amenazas también.

España está en la lista de los 20 países más atacados por los ciberdelincuentes, llegando a producirse más de 16.000 ciberataques al día. Las guerras del futuro inmediato no se concebirán a la manera tradicional, sino que todas las guerras serán también ciberguerras. Es por ello que varios países han creado ejércitos de ciberdefensa, que se suman a los tradicionales de tierra, mar y aire. Y que se haya hablado más del grupo de hackers rusos que del triunfo de Trump es buen síntoma de los tiempos que se avecinan.

Es tal el nivel de complejidad de este Nuevo escenario que la seguridad en el ciberespacio está cada vez más arriba en las listas de prioridades en empresas y gobiernos. Para visualizar en tiempo real el estado del malware en el mundo existen espacios como CyberThreat Real-Time Map, un mapa mundial de ciberamenazas.

Mientras que los ejércitos del pasado conquistaban territorios físicos, la nueva geopolítica digital busca el control de la información y el poder de los datos. Las plataformas digitales ya se han integrado a la vida offline y son parte esencial en la vida social y cultural de la mayoría de los ciudadanos del siglo XXI. Me comentaba un experto en la material que la penetración digital en China no tiene que ver con lo comercial sino con el control. Es mucho menos complicado saber que hacen 1.200 millones de personas si están conectadas que en un mundo analógico. La nueva economía de los datos se conecta también con la nueva política del control. De qué manera influirán en los hábitos y costumbres de una sociedad el fin de la intimidad y la desaparición de la privacidad.

El entusiasmo por las las nuevas tecnologías siempre va acompañado de nuevas inquietudes. Es necesario encontrar formas nuevas, mejores y responsables de avanzar hacia los futuros digitales donde ciudadanos, empresas digitales, gobiernos y activistas colaboren para crear formas de convivencia justas, equitativas, abiertas y transparentes.

El ciberterrorismo y las ciberguerras ya son una asignatura principal para los estados.

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Transitando el caos de la manera más ordenada posible.

Europa se alarmó con el triunfo de Trump. Lo cierto es que en la actualidad una de las amenzas para Europa es que el 72% del presupuesto de la Alianza con Estados Unidos (OTAN Organización del Tratado del Atlántico Norte) corre a cargo de EE.UU.

Nos asomamos a una primera fase apocalíptica o caótica, aunque como siempre en la historia del ser humano, habrá margen para la esperanza. Creo que los historiadores juzgarán que estas fueron una de las mejores horas de nuestra civilización.

En el mundo hay actualmente 194 países reconocidos por la ONU. España es la decimosegunda economía del globo en función del PBI en dólares sin efecto de inflación. Considerando que en 2007 España era la octava, el péndulo nos lleva a pensar que España empieza a subir nuevamente en la clasificación.

Tras ver el estado global de las cosas, España parece estar en un pequeño oasis de estabilidad y tranquilidad. O como leíamos en The Washington post: España parece ahora una “isla de estabilidad” en medio de un panorama general de revueltas e incertidumbre en los principales países de Europa, por lo que se ha abierto una “ventana de oportunidad” para que el país juegue un mayor papel a nivel continental e incluso sea clave en resolver algunos de los grandes retos europeos.” ¿Quién lo hubiera dicho hace menos de un año? El péndulo sigue moviéndose.

España tuvo en 2015 y 2016 un sacudón originado por una revuelta social que se inició en la Puerta del Sol y creció a raíz de diversos escándalos de corrupción política, sumado a los ajustes que en ese momento la UE estableció al Gobierno de Rajoy como medida de crisis, que aterrizaba en una España atormentada por los desahucios y los despidos masivos, producidos por el quiebre de la burbuja inmobiliaria, dando lugar a un aumento en la cifra de parados y al incremento de la demanda de ayudas sociales.

Después de haber llegado a una segunda elección presidencial y con el temor a una tercera, se formó finalmente un Gobierno, no sin la ayuda de muchos españoles, que fueron quienes priorizaron a España ante cualquier otra ideología. Y fueron los valores democráticos en conjunto los que lograron dotar a España de un gobierno que dejara atrás la sombra del populismo de izquierdas que amenaza al país (abanderando políticas chavistas y antisistema), en pos de una construcción conjunta y afin a los principios constitucionales.

Quizás este sea un buen momento para España, tanto para asentar su lugar en Europa –mientras Europa exista–, como para afianzar su lugar en el mundo como país que ante cualquier ideología partidista ha sabido, en los momentos cruciales, poner en valor su respeto a la democracia y apostar por el progreso conjunto.

Perseverance

El comienzo de los años 90 me encontró estudiando hechos inéditos fue justo después del fin de la guerra fría y de la caída del muro de Berlín, en una década en que se alumbraba un nuevo orden mundial. El comunismo se ha encogido de manera exponencial desde entonces hasta su mínima expresión. Por el contrario el populismo se ha expandido pendularmente. El populismo no es una ideología sino una manera de aprovechar coyunturas específicas para ocupar espacios de poder. Ningún gobierno populista ha generado progreso, riqueza, equidad o unión en la sociedad. El llamado de atención a la política ya fue dado, la forma en que la política de siempre reaccione a los reclamos de hoy será esencial para definir que tipo de futuro viviremos.

Invertir en formar una sociedad de conocimiento y potenciar su utilidad práctica será un buen antídoto contra las fórmulas que prometen soluciones rápidas y sencillas a problemas complejos. Lo cierto es que la riqueza futura de las naciones depende de su nivel de educación hoy.

Las percepciones pueden variar de una persona a otra y eso lo saben aquellos que saben crear escenarios reales o imaginarios para hacernos creer en lo uno o en lo otro según la posición del péndulo. Nada es tan real ni tan normal como lo percibimos, pero eso no es lo importante, sino lo que hacemos con ello.

No sabemos hoy si el futuro será bueno, o malo. Pero si sabemos que será nuevo.

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