Los nativos digitales no existen.

Si bien el concepto de nativo digital no puede usarse como definición de un grupo determinado de personas delimitado por edades, sí puede decirse que todo aquel que hoy utilice con provecho las nuevas tecnologías digitales puede considerarse a sí mismo como un nativo digital independientemente de la edad que tenga. Aunque probablemente sería más acertado decir que todos somos inmigrantes digitales que habitamos dentro de un territorio nuevo, que es el que ha aparecido con la irrupción de internet.

Existe también un grupo al que se le llama millennials y al que se encasilla en el período que va aproximadamente desde 1981 a 2000, con lo que se hace referencia a aquellas personas que nacieron a las puertas del nuevo milenio.

Toda división temporal de este estilo se realiza con la intención de que nuestro sistema cognoscitivo nos permita entender el tiempo que intentamos abarcar, pero hacer una división que abarque un lapso de años para definir a un grupo de jóvenes en concreto, como por ejemplo el de los millennials, resulta inadecuado, ya que las distintas realidades comprendidas dentro de ese grupo son llamativamente diferentes entre sí. Un joven nacido en Nigeria es un millennial distinto a uno nacido en Nueva York y a la vez difiere de otro nacido en China o en Irak y todos ellos son distintos a su vez de aquellos que, aunque hayan nacido en un mismo territorio, correspondan a estratos socioeconómicos, culturales o a realidades distintas.

Otra opción diferente es la de abordar estos términos, «digital» o millenial, para hacer referencia a un nuevo tipo de mentalidad que implica una nueva forma de pensar el mundo y que se ha propagado en estos años con la irrupción de internet.

En este grupo podemos encontrar a aquellas personas que abordan este nuevo siglo como el despertar de algo diferente y que no están limitadas por ningún tipo de frontera, ya que una mentalidad innovadora puede surgir desde cualquier rincón del planeta y desde cualquier estrato sociocultural y económico para darse hoy a conocer.

De la información a la inteligencia.

Si deseamos hablar entonces de «mentalidades digitales», podríamos basarnos en esta nueva forma de mirar el futuro que tienen algunos, pero que no se encuentran encasillados dentro de un período determinado por unas fechas de nacimiento, sino que los hay de todas las edades.

No es el uso de la tecnología exclusivamente aquello que te hace poseedor de una mentalidad innovadora, porque el uso de los elementos disponibles no implica una forma de soñar algo diferente para tu tiempo, sino que es únicamente usar aquello de lo que dispones, sin ninguna otra mira hacia algo distinto.

Es decir, no todos aquellos que hoy utilizan a la tecnología tienen una mente digital, millennial o innovadora.

Hubo muchas personas que se adelantaron a su tiempo a lo largo de la historia y que hicieron posibles los avances de nuestra civilización: inventores, filósofos, psicólogos, científicos, artistas, físicos, ingenieros, médicos etc. Y entre miles de nom- bres podríamos mencionar a los más populares, como por ejemplo Sócrates, Leonardo da Vinci, Nikola Tesla, Thomas Alva Edison, Albert Einstein, Steve Jobs, Stephen Hawking y tantos otros.

Tener una mentalidad innovadora significa ser capaz de adelantarte a tu tiempo para traer lo nuevo, como hicieron todas estas personas, viendo aquello que sus contemporáneos aún no eran capaces de ver y teniendo además la valentía de plasmarlo.

Edison, por ejemplo, consiguió comercializar con éxito la bombilla eléctrica y esto transformó la vida de las personas. Pero todos aquellos que hoy encienden la luz de su casa cuando oscurece no son como Edison, aun aunque utilicen la electricidad con los mismos fines.

Ésta es la diferencia entre tener una mentalidad luminosa y ser solamente un consumidor de energía.

A la generación millennial se la llama también «generación Y (Why)» (generación por qué). Y este nombre es clave para analizar el tipo de mente que tienen los seres humanos que son capa- ces de adelantarse a su tiempo. Todo ser que pertenezca a este grupo del «porqué» es un ser que siempre se preguntará el por- qué de todas las cosas y esa curiosidad es la que transformará una mentalidad común en una mente extraordinaria. No importa en qué año hayas nacido. Si tú perteneces a este grupo de personas, serás un descubridor en cualquier ámbito en el que estés, porque la curiosidad es el primer síntoma que da la inteligencia.

Todos nacemos curiosos e inteligentes en potencia y llegamos al mundo con ganas de saberlo todo, pero con el tiempo, esta curiosidad se va aplacando cuando comprendemos que las preguntas son un estorbo y que la gente a medida que se hace mayor deja de preguntarse el porqué de todas las cosas. Vamos así poco a poco imitando al mundo que nos rodea y comprendiendo que la adaptación obediente que no ofrece opciones distintas es la única manera que tenemos para poder sobrevivir en él.

Las preguntas, en los ámbitos académicos antiguos, hacen parecer a quien cuestiona como un ser ignorante e inadaptado a la realidad, porque la duda en muchos de los sistemas educativos antiguos se asocia a aquellos que son incapaces de com- prender bien las cosas establecidas como ciertas e inamovibles.

Poco a poco comenzamos así a bloquear las puertas de la duda, cerrando a su vez las puertas de la razón, del pensamiento y de la búsqueda, y cuando estas puertas se cierran te conviertes en un ser alimentado a base de creencias y fácilmente manipulable porque la creencia funciona como el impedimento de la inteligencia.

Una comunidad limitada por la creencia nunca promoverá la inteligencia en sus jóvenes, sino que interpretará la inteligencia como la capacidad de repetición obediente de los conceptos antiguos y considerará inteligente al alumno memorioso.

Dentro de estos ámbitos, la antigüedad de los conceptos sir- ve de excusa para justificar su inmovilidad. Se considera que los conceptos por ser antiguos son correctos. Se promueve así la inmovilidad mental de las personas que en actitud de respeto sacrifican la posibilidad de convertirse en seres inteligentes y creativos, al ser incapaces de ponerlas en duda.

Estas son comunidades en donde el pasado es siempre más importante que la adaptación a los nuevos tiempos y en donde se condena a la innovación, sacrificando la inteligencia de sus individuos. Una persona bloqueada por las creencias nunca podrá convertirse en una persona verdaderamente inteligente porque la creencia será siempre la barrera. Y por eso no es de extrañar que las personas más inteligentes y creativas de este planeta se hayan mantenido siempre alejadas de ellas.

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Hoy tenemos sobre la mesa un sistema educativo en pleno cambio y al que la irrupción del mundo digital le ha aportado nuevos elementos entre los cuales se encuentran la información y la conexión global. Gracias a ellos, hoy necesitamos que la educación sea mucho más que un adiestramiento mecánico como ha sido hasta ahora, logrado a base de memoria y que trabajaba en la repetición de conceptos inevitablemente olvida- dos a corto plazo, para convertirse en un generador de nuevas ideas inspiradas y motivadas por el nuevo caudal de información y de comunicación del que hoy disponemos.

En la actualidad contamos con muchísima información, pero el tema reside ahora en qué hacemos con ella. La información nunca antes ha estado tan disponible como ahora, pero, aunque el camino intelectual ya haya sido transitado por muchos, nos ha demostrado que es inagotable y en muchos casos también insuficiente.

Los países ricos de Occidente se caracterizan por haber transitado el camino de la mente y, sin embargo, lo han encontrado siempre incompleto, quizá porque han notado que la inteligencia no es un proceso exclusivo de la mente.

La irrupción de internet no ha traído la información como novedad, sino que la ha hecho masiva y ésta es en realidad su aportación: la irrupción de la globalidad informativa de forma masiva e instantánea, con todos sus beneficios y sus peligros.

Hoy la información ya no tiene límites de espacio y de tiempo y está al alcance de todos los que no estamos excluidos de su acceso por la brecha digital. Es en este punto donde aparece la necesidad urgente de encauzar la información hacia un camino creativo.

Siempre hemos diferenciado a las personas informadas de las personas inteligentes y en algunas ocasiones hemos conocido a personas que milagrosamente eran las dos cosas a la vez. Hoy el mundo está plagado de gente informada gracias a inter- net, pero siguen escaseando las personas inteligentes. Porque en el proceso de educarse son muy pocos aquellos individuos que logran que su inteligencia se mantenga despierta y alimentada por el conocimiento, en vez de ser aplastada por él.

¿Inteligentes o informados?

La inteligencia tiene que ver con el proceso que sufre la información una vez obtenida. Esta información puede seguir dos caminos diferentes: la retención inamovible o la transformación. Y es en estos dos procesos en donde se evidencia la diferencia entre dos tipos de absorción distintos. La retención, te convertirá automáticamente en un ser informado y la transformación de la información te convertirá en una persona inteligente.

Cuando nos referimos a ser inteligente hablamos de la capacidad creativa que tiene la inteligencia. La creatividad no tiene que ver con la cantidad de información a la que accedas, sino con lo que seas capaz de hacer con ella. Es tu cualidad transformadora lo que hará o no valiosa a la información obtenida. La forma en que seleccionas lo valioso que contiene cada información y descartas todo aquello que no sirve; como si tu mente actuara como un seleccionador de valor y a la vez como un d tector de basura.

La creatividad no es algo que puedan darte, como sucede con la información que viene de fuera, sino que es una cualidad que radica en cada ser humano, como un potencial que puede o no ser desarrollado.

La creatividad es aquello que tú le das a la información, tu aporte. Cuando la información se convierte en idea es porque tu cualidad creativa ha aparecido en acción y ha transformado a la información en algo distinto. El nexo entre la información y la idea eres tú. Sin tu cualidad creativa, la información seguirá siendo sólo información y tú seguirás siendo sólo un ser in- formado.

Nuestro objetivo en la educación debería ser potenciar en el ser humano la capacidad de inteligencia, contando con todos aquellos nuevos elementos de los cuales disponemos hoy y volviendo a preguntarnos el porqué de todas las cosas.

La «ausencia de los porqués» en nuestra educación parecía ser una nimiedad, pero, sin embargo, resultó ser un elemento clave que perdimos, ya que el porqué de las cosas es la llave para relacionarlas a todas y, sin él, olvidamos pronto toda aquella información que adquirimos, porque el dato que no se relaciona, inevitablemente, se pierde.

Cuando a una persona se le enseña que la geografía es a la vez la causa y la consecuencia de una climatología que da como resultado una flora y una fauna determinadas y a esto se le suma una clase de cine con un documental maravilloso del National Geographic, una búsqueda en Google Earth y además se incorporan aplicaciones que le ayudan a relacionar todos los procesos geográficos de la zona, el individuo logra fijar el cono- cimiento para siempre porque ha conseguido relacionarlo todo.

El individuo ve la película, se concentra, se emociona con la belleza de los paisajes, con la naturaleza, con la música, con los sonidos de las aves y de los animales autóctonos y guarda esa información para siempre. Y esto sucede porque la emoción es el pegamento que fija el aprendizaje en el ser humano y la conexión es lo que convierte la información en algo valioso. Y no debemos olvidar que enseñar los principios de conectividad que rigen todo el universo es en realidad la meta de toda enseñanza.

En este ejemplo, el estudiante no ha tenido que memorizar la vegetación y la fauna de la selva africana porque la ha visto, la ha oído y la ha experimentado como si hubiera estado allí. De esta manera, los nuevos elementos tecnológicos de los cuales disponemos se ponen al servicio de la educación y, en vez de seguir fomentando la cansina postura conservadora que se pone sistemáticamente siempre en contra de todo lo nuevo, se aprende que lo nuevo siempre es fundamental a la hora de lograr un aprendizaje que cabalgue acorde al ritmo de los tiempos.

Hoy en día hay muchas posturas en contra de las nuevas tecnologías y esto no es nuevo. De la misma manera en que anteriormente estuvieron en contra de la televisión y que, en vez de usarla como herramienta para crecer, perdieron el tiempo en la condena, dejando de aprovechar las oportunidades que ofrecía esta dimensión para limitarse a usarla con fines económicos, de entretenimiento y de distracción masiva.

La enseñanza debe ser un proceso permeable y abierto a los cambios y a los progresos que suceden en el mundo como debe- rían serlo todos los demás aspectos de nuestra cultura. Las nuevas herramientas hay que utilizarlas en beneficio de la educación y no en su contra. Lo único importante en cualquier sis- tema educativo debería ser el aprendizaje y los mecanismos que se utilizaran deberían ser en sí mismos irrelevantes para aquel cuyo único parámetro debe ser generar inteligencia y lograr un aprendizaje que cunda.

En la educación hay también muchos egos que se disputan su poder defendiendo a un sistema o a otro y muchos intereses económicos que impiden la permeabilidad de la educación y sus cambios imprescindibles, como, por ejemplo, los intereses de las industrias editoriales. Y es en estas luchas de poder en donde se pierde el foco de que aquí lo verdaderamente importante es generar niños inteligentes para un mundo que será sin duda muy diferente al nuestro.

Éste será un mundo en donde gran parte del mercado laboral estará ocupado por máquinas y en donde el ser humano deberá crear nuevas formas de sustento. Sólo un ser humano educado en inteligencia y creatividad será capaz de sobrevivir a un mundo en donde el lugar de la repetición mecánica ya estará ocupado por otros. Y en donde sólo quedará libre el lugar que no puedan ocupar las máquinas.

La educación no debe seguir creando discos duros como se hacía antiguamente, simplemente porque ya no los necesitare- mos. Antes era sumamente importante educar a niños memoriosos porque la memoria era la manera de poder transmitir el conocimiento a las generaciones siguientes. Y además la información duraba sin modificaciones en el tiempo, porque las cosas no cambiaban tan rápido como ahora y no hacía falta aggiornar los datos regularmente.

Hoy en día, la tecnología nos ha provisto de discos duros y de ordenadores que son capaces de retener toda la información del pasado que podríamos llegar a necesitar en el futuro, por lo que ya no se necesitan alumnos fundamentalmente memoriosos, sino seres creativos. Necesitamos educar gente inteligente, que sea capaz de afrontar el futuro que nosotros no somos capaces de enseñarles cómo será.

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¿Cómo se educa para el futuro?

Pensar en cómo educar para un mundo que no conocemos aún es como intentar trazar un camino a ciegas, y la única forma en que se puede preparar a una persona para un mundo desconocido es educándole en todas sus dimensiones. Sólo un ser inteligente es capaz de responder de una manera creativa a lo desconocido.

Cuando uno no sabe aquello que le espera, debe estar preparado para todo y es por eso que la flexibilidad y la capacidad de conexión se vuelven disciplinas fundamentales a la hora de formar a personas que se enfrentarán a un mundo incierto y plaga- do de cambios que se sucederán cada vez a mayor velocidad.

Debemos comprender primero que la cualidad del cambio también ha cambiado y la velocidad de los cambios hoy es infinitamente mayor a la de hace cien años. El mundo cambia cada vez más rápido y por eso es intolerable seguir enseñando según las mismas técnicas de hace cientos de años, simplemente por- que los avances científicos ayudados por la tecnología hoy han rebatido mucha de la información de la que disponíamos y que permanecía estática y siendo la misma durante décadas.

La explosión de conocimiento hoy es tan rápida y vasta que ya no se puede escribir un libro sobre ciencia sin que al acabar- lo tengas que corregir mucha de la información que has incorporado en él, porque los descubrimientos se suceden a tal velocidad que mucho de lo que considerábamos como cierto hasta hoy es erróneo o está incompleto. Es por eso que ahora el estudio de la ciencia debería depender de publicaciones y de artículos y no de libros. Y aunque sabemos de los riesgos que representa la irrupción del mundo digital para las industrias editoriales, la mala noticia es que el avance será inevitable, por lo cual es tiempo para ellos de empezar a buscar una nueva fórmula de negocio y de diversificación.

La función del profesor en el aula también debería cambiar y esto sucederá porque ya no es el vehículo exclusivo para transmitir la información. Hoy disponemos de toda la información existente a sólo un clic de distancia, por lo que la exclusividad del conocimiento que convertía al profesor en un elemento in- dispensable en la transmisión de información en el aula ha des- aparecido, volviéndolo hoy reemplazable, si seguimos manteniendo la posesión de un conocimiento exclusivo como único criterio.

El nuevo rol del profesor es el de convertirse en un guía o un facilitador para que el alumno logre acceder a la información sin dificultad. El profesor debe guiar a los alumnos en la comprensión y en el debate sobre los temas y debe a su vez actualizar su propia información a diario, ya que, al haber sido educa- do hace treinta años, mucha de la información sobre los temas que enseña se ha vuelto anticuada e inservible. El rol del profe- sor tiene que variar urgentemente y pasar de ser el transmisor de información que era hasta ahora para ser el generador de pensamiento del mañana.

Actualmente existe una cantidad ingente de información a disposición de los alumnos en la red y esto hay que aprovechar- lo, con lo que el profesor dispone ahora de un tiempo valioso que antes utilizaba sólo para transmitir la información a los alumnos. Aunque aún es necesario que ayude a encontrar y a discernir lo que es pertinente y lo que no.

Con el uso de las nuevas tecnologías, el profesor dispone ahora de un tiempo nuevo y valioso para poder focalizar su trabajo en despertar la inteligencia de los alumnos, dando clases que incluyan el debate y las preguntas, y que se enfoquen en la comprensión de los temas, relacionándolos con distintas cosas que evolucionen los conceptos y prevean los acontecimientos futuros probables y posibles.

El profesor debe transmitir pasión por lo que enseña y debe intentar contagiar de esa pasión a sus alumnos, sin importar que esa materia sea o no de su preferencia. Los conceptos pueden no ser importantes para el alumno el día de mañana, pero la percepción de que un ser humano debe amar aquello que hace o enseña quedará para siempre grabada en su aprendizaje. Por lo cual al profesor ya no se le tolerará la frialdad del ordenador en la enseñanza. El profesor es ahora el vehículo para enseñar lo humano, que es lo único que la máquina es incapaz de enseñar.

Es importante recordar, de todos modos, que los docentes a su vez tienen un temario —quizá desfasado— que cubrir y que además necesitarán formación para poder sacar provecho a es- tos cambios y usar este tiempo extra del que dispondrán de una forma distinta y creativa.

De nada sirve llenar las aulas de tecnología si no se forma antes a los profesores en su uso con el objetivo de llevar a cabo este nuevo tipo enseñanza. Ya que, sin la formación adecuada, ni ellos ni sus alumnos podrán sacar provecho de las ventajas que ofrece.

Educar en todas las dimensiones.

Para preparar al ser humano para un mundo incierto hay que educarle en todas las dimensiones y esto significa educar en todos los aspectos que constituyen al ser humano; e intentar abarcar todos aquellos rasgos que nos componen.

La primera dimensión es la dimensión intelectual e informativa y en esta están incluidas las materias informativas como son la historia, la geografía, la informática, la gramática y los idiomas. En este tipo de enseñanza pueden utilizarse ordenado- res, documentales, películas y todo tipo de material audiovisual del que hoy disponemos y que goza de una altísima calidad.

Los idiomas resultan fundamentales a la hora de formar parte de un mundo global y la adquisición de distintas lenguas debería ser obligatoria, para que estos nuevos individuos puedan comunicarse el día de mañana en un mundo que ya no li- mita la comunicación dentro de fronteras físicas.La enseñanza de un idioma puede verse apoyada con programas informáticos que ayuden a resolver dudas de gramática y de pronunciación.

La segunda dimensión es la ciencia, en donde el guía humano adquiere una mayor importancia porque la ciencia es la dimensión de las preguntas y un buen guía debe saber cómo ali- mentar esas preguntas. En esta dimensión debería utilizarse el material más reciente que se requiere para que la enseñanza científica se mantenga siempre siendo contemporánea, además de las nuevas tecnologías que hoy ofrecen también gran variedad de cursos y de clases online y aplicaciones científicas que ayudan a reforzar la comprensión de algunos temas complicados.

La tercera dimensión es el arte y la creatividad, en donde el alumno pueda elegir y experimentar entre distintas disciplinas creativas, sin importar las condiciones técnicas de las que goce y en donde se le permita desarrollar el arte, la habilidad manual o deportiva que más le apetezca. Todo ser humano necesita sentirse creativo en algún aspecto en concreto y eso le ayudará a conectarse también con el mundo, porque el mundo es creativo. Cualquier arte o actividad manual o física sirve, además, como una forma para entrar en tu propio mundo y conectarte con la parte creativa que reside en todos los seres humanos.

La cuarta dimensión se refiere a la dimensión de las emociones y éste debe ser un espacio en donde los alumnos puedan ser conscientes, según las necesidades de cada etapa, de todas aquellas dudas que se van despertando en ellos y en donde poco a poco puedan ir tratándose los temas humanos, en donde ellos mismos puedan ir exponiendo sus propias experiencias, su visión y sus necesidades.

Esto ayudará al profesor guía a profundizar en los temas que más les preocupen a los jóvenes en cada etapa y creará entre los alumnos un creciente sentimiento de hermandad, que resulta tan necesario a la hora de construir un mundo más humano el día de mañana. Un espacio donde el compañero deje de ser un competidor para convertirse en parte de un mismo engranaje.

Este aspecto humano se ha intentado cubrir muchas veces con la enseñanza religiosa, sin éxito, ya que la religión desde el principio divide al ser humano en grupos, lo enfrenta a aquellos que no comparten sus creencias y focaliza su enseñanza par- tiendo de las diferencias entre los seres humanos y Dios, y entre la naturaleza y el hombre, rompiendo el principio básico de unidad que se pretende generar en la formación de un ser hu- mano global que entienda la conexión como el principio básico que rige a todo el universo.

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A los padres

Es evidente que este nuevo mundo digital supone para muchos padres un camino incierto, sobre todo cuando ven que sus hijos usan la tecnología sin sacar ningún provecho de ella, más que el de estar permanente conectados y a la vez desconectados del mundo. Esto sucede porque la tecnología responde a las mis- mas leyes a las que responde toda energía, siendo ésta siempre neutral. La tecnología será valiosa si aprendemos a usarla con inteligencia y será perjudicial si la usamos con ignorancia.

Pero dentro de toda esta preocupación que expresan muchos padres, hay también una gran responsabilidad en nosotros, porque nuestra juventud es muchas veces el resultado de la educación que le hemos dado, no sólo nosotros como padres, sino nuestro ambiente social y nuestra comunidad. Somos el reflejo de nuestros hijos y no podemos escapar de esta gran responsabilidad. Un joven que prefiere habitar en una realidad virtual es un joven que escapa de su realidad cotidiana y los motivos de esta ausencia suelen estar siempre muy cerca de nosotros.

Hemos fomentado un mundo de desigualdades, de codicia, de ambición, de gente que sólo aspira a un progreso individual y a quien le importa muy poco el bienestar general y la evolución humana, y eso se refleja en nuestra política y en nuestra situación mundial, y los jóvenes lo notan. Muchos se rebelan contra ello deseando erróneamente buscar modelos diferentes y antiguos que destruyan inevitablemente todo el progreso alcanzado hasta hoy con muchísimo esfuerzo, y muchos otros simplemente ansían abiertamente llegar a pertenecer como sea al grupo de los ambiciosos, a quienes nuestra cultura materia- lista les ha enseñado a admirar y a tener como ejemplo de progreso.

Quizás haya llegado la hora de comenzar a focalizar en la importancia que tiene la educación y nuestro ejemplo en todo aquello que nos sucede.

La educación hoy está demasiado a menudo encaminada a formar personas ambiciosas y competitivas que aspiran sólo a lograr un éxito económico para sí mismos, personas que eligen sus carreras según los salarios que les esperan y no según las cosas que les apasionan. Seres que mucho más tarde se descubren a sí mismos viviendo vidas infelices, aunque éstas sean económicamente rentables.

Una educación innovadora es aquella que aspira a crear un mundo mejor, que no sea mejor sólo para uno mismos, sino para todos.

Cambiar el mundo no es empeñarse en llenar el mundo de empresarios hábiles y codiciosos, sino educar a seres humanos con la inteligencia y la sensibilidad necesarias para cambiar las realidades inhumanas que nos rodean y poder afrontar inteligentemente el futuro, en donde muchos sistemas actuales serán pronto reemplazados porque muchas de las estructuras que los sustentan serán inevitablemente insostenibles.

La educación para un ser humano global desgraciadamente aún no está disponible para todos, aunque ya hay muchos trabajando en proyectos como por ejemplo el SOLE (Self Organized Learning Enviroments), que prescinde de entornos como la escuela para generar inteligencia en aquellos ámbitos en donde las necesidades socioeconómicas no pueden proveer a los alum- nos de estructuras académicas físicas y que se realiza través de sistemas informáticos que consiguen que una población paupérrima acceda a una educación hasta ahora impensable para ella. Así, desarrollan nuevas fórmulas para que una población que no tenía hasta ese momento acceso a una educación logre acceder a ella a través de un aprendizaje interactivo que se efectúa colocando ordenadores en las calles de poblaciones de la India. Los niños que acceden a estos ordenadores, sin tener conocimientos informáticos previos, logran desenvolverse de for- ma asombrosamente natural y, además de educarse, logran también desarrollar su potencial creativo.

El mundo cambiará muy pronto su estructura económica y social, y necesitaremos personas que sean capaces de crear nuevos sistemas acordes a los nuevos tiempos que vendrán. Para eso necesitaremos de esas mentes iluminadas que siempre fue- ron capaces de arrojar luz sobre aquellas cosas que la mayoría transitaba a oscuras.

A este grupo de personas que diseñarán la vida en el futuro se les llama ahora makers («hacedores»). Hoy en día, nuestro desafío consiste en proveerles a todos ellos de las herramientas adecuadas para construir un futuro que refleje a un ser humano que desea mantenerse en permanente evolución.

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Nota: El texto que acabas de leer es el primer capítulo de la segunda parte de una obra esencial en la era digital. Lo escribí junto a JRueda y lo compartimos ahora que estamos muy cerca de celebrar el primer año del lanzamiento del libro “Los nativos digitales no existen: Cómo educar a tus hijos para un mundo digital.” Esta obra además de muy recomendable se ha vuelto de consulta por padres, profesores y adultos en un mundo que busca respuestas a nuevas preguntas. Puedes conseguirlo aquí: https://www.amazon.es/Los-nativos-digitales-existen-colecci%C3%B3n/dp/8423426599

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