Cuando lo ordinario es extraordinario el mundo mejora. Lo femenino empuja a la humanidad hacia delante. Estamos presenciando momentos históricos en los que la mujer tiene, cada vez más, un rol sobresaliente. Se trate de mujeres desconocidas o conocidas, de aquellas que aparecen en los medios o de las que, sin ser protagonistas de las noticias, marcan la diferencia.

Ya pasaron cuatro años desde que la primera astronauta china inició con éxito su misión. Más de seis décadas después de que el presidente Mao Zedong asegurara que en la China comunista las mujeres sostendrían “la mitad del cielo”, Liu Yang y otros dos tripulantes viajaron en la nave espacial Shenzou 9.

En Birmania, veintiún años después de haberlo conseguido, Aung San Suu Kyi recibe el Premio Nobel de la Paz. La líder opositora, un ícono de su país y de la lucha por las libertades, dice que a Birmania le queda mucho para la libertad completa. Tras 15 años de arresto domiciliario, todavía le queda coraje para seguir alzando la voz, para defender la paz y participar en la incierta política parlamentaria de su país.

Al mismo tiempo, otras dos mujeres tienen una voz de máxima relevancia en las finanzas globales: Angela Merkel, Christine Lagarde y Janet Yellen. A la Canciller alemana se le pide que encienda los motores de la economía mundial. Por su parte, la directora gerente del FMI ha recomendado un esfuerzo colectivo para que la eurozona alcance “una etapa fundamental en su desarrollo”. La presidenta de la Reserva Federal de EE.UU. aseguró que “el panorama económico es incierto, así que la política económica no sigue un curso predeterminado. Nuestra capacidad para predecir la forma en que la tasa de fondos federales evolucionará es bastante limitada, porque las políticas monetarias tendrán que responder a cualquier circunstancia que pudiera golpear la economía. Cuando ocurren cambios y el panorama económico cambia, la política monetaria debe de ser ajustada”. Ellas son protagonistas de un momento histórico para la economía internacional.

Anna Wintour, editora de la revista Vogue, dirige los designios de la moda desde hace más de veinte años. Su influencia, como adalid de uno de los sectores económicos con mayor proyección en Estados Unidos y el mundo, trasciende este ámbito.

Más del 90% de las mujeres más poderosas de mundo tienen pelo corto. ¿Por qué? Merkel, Lagarde, Nooyi, Ghandi, Clinton, Obama… Rousseff hasta hace poco. Me contestan en Twitter, por mayoría abrumadora, que es por falta de tiempo para arreglarse.

Hoy ya no nos llama la atención que Madonna siga siendo la reina del pop y que en el top ten de los videos más vistos en YouTube estén Lady Gaga, Beyoncé, Taylor Swift, Jennifer López, Shakira y Rihanna. Las mujeres reinando y gobernando, no sólo en el pop.

Hasta el 2012, más de 1.700 millones de habitantes de la tierra eran dirigidos por una mujer presidente o primer ministro. Entre las más destacadas hasta entonces la misma Canciller Merkel, Dilma Rousseff en Brasil, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Dalia Grybauskaite en Lituania, Jóhanna Sigurdardóttir en Islandia, Julia Gillard en Australia o Ellen Johnson-Sirleaf, actual presidenta de Liberia. En la actualidad el número se ha reducido. Esto significa que un cuarto de la población del planeta era dirigido o liderado por una mujer. Todo está cambiando.

Es una realidad que los Juegos Olímpicos de Londres 2012 fueron los Juegos de las Mujeres. Por primera vez en la historia olímpica, todas las delegaciones acudieron con atletas femeninas. Un total de 4.850 deportistas que suponen el 46% de los participantes. Un reflejo bastante cercano a la población mundial que reparte a los más de 7.000 millones de habitantes casi a partes iguales entre hombres y mujeres. 116 años más tarde. Mejor tarde que nunca. La buena noticia es que en los Juegos de Río 2016 la tendencia se consolidó. Y en la delegación de España las mujeres han ganado más medallas que los hombres.

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Extraordinarias.

Aunque los avances en las últimas décadas son notables, queda mucho trabajo por realizar. Hay ejemplos pequeños que demuestran lo grande del recorrido: en Wikipedia sólo el 8% de los editores son mujeres. Eso significa que nuestra nueva enciclopedia universal está escrita casi en una totalidad por varones. Y sólo el 25% de la fuerza laboral mundial del sector tecnológico está representado por mujeres. Curiosamente Katherine Myronuk, “las mujeres siempre tuvieron un rol central en la tecnología, pero en los últimos tiempos han sido invisibles. Por ejemplo, en los principios de la informática, los primeros programadores, fueron mujeres. Como las que trabajaron con la primera computadora, la Eniac. Ellas inventaron muchas de las pautas de programación que aún usamos hoy, pero es algo que casi nadie sabe. Fueron mujeres muy interesantes.” Quién lo dice es Katherine Myronuk, profesora de Singularity University. Menos del 5% de los proyectos tecnológicos en Estados Unidos son liderados por mujeres. Y de la lista Fortune 500 solo el 4% de las empresas tienen una CEO.

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El mundo y las empresas entiende cada vez más la importancia de la diversidad en los equipos de trabajo y el mercado tecnológico, no ajeno a esta circunstancia, podría aprovecharse de su visión y su mirada femenina. Más mujeres en tecnología seguramente redunde en nuevos desarrollos.

No es novedoso decir que las mujeres emprendedoras son muchas menos que los hombres, pero está demostrado que a ellas les va mucho mejor que a ellos emprendiendo. Las empresas creadas por mujeres o con una alta tasa de ellas en los cuadros de mando, tienen tasas de retorno mejores que los hombres a la hora de emprender. Según el estudio Women in Technology: Evolving, Ready to Save the World de la Fundación Kauffman tienen un 35% más de rendimiento. La realidad es que todos tenemos la capacidad de emprender y la mujer ha demostrado que cuando tiene la oportunidad de hacerlo, en economías más castigadas o emergentes, mejora su entorno, su familia, su pueblo, su ciudad.

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Por otro lado, entre las mujeres silenciosas y desconocidas encontramos la grandeza de lo pequeño.

Ser madre y mujer trabajadora es algo ya de por sí extraordinario. Y aunque resulte sacrificado, la mujer crea su propia perfección cuanto más imperfecta es su realidad. Y eso resulta absolutamente admirable.

Lo ordinario se transforma en extraordinario precisamente por ello.

Se oyen argumentos muy críticos con el avance de los derechos de la mujer, que ha tenido lugar en estos últimos años. Algunos opinan que han terminado siendo un retroceso. Que hoy la mujer trabaja más, descansa menos, está más expuesta y menos cómoda.

Sin embargo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) declara en sus principios que la población femenina ha sido decisiva en el progreso de la democracia, la reducción de la pobreza, la prevención y la recuperación de las crisis, la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible. Asegura, además, que “empoderar a las mujeres da un impulso a las economías florecientes, a la productividad y al crecimiento”.

A su vez, el PNUD elabora un Índice de Desigualdad de Género, que tiene en cuenta tres dimensiones: la inserción en el mercado laboral, el empoderamiento y la salud. Cómo tratan las sociedades a la mujer, dice mucho del grado de desarrollo de los países.

A pesar de los progresos realizados en este ámbito el PNUD apunta que las mujeres representan el 60% de los más pobres a nivel mundial, menos del 16% de los parlamentarios, las dos terceras partes de los analfabetos y son objeto de violencia sistemática, tanto en los conflictos armados como en la intimidad del hogar. No obstante, hay historias de mujeres que demuestran su resistencia, fortaleza y valor. Son agentes decisivos en la gobernanza democrática, la reducción de la pobreza, la prevención y recuperación de la crisis, la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible y la respuesta al VIH y el SIDA, áreas principales donde el PNUD enfoca todos sus esfuerzos. La igualdad de género y el empoderamiento de la mujer son derechos humanos y la clave del desarrollo y del logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

Y también del extensísimo camino que queda por recorrer… Mientras escribo estas líneas conocemos que hay unas 500 millones de mujeres analfabetas en el mundo. “Para las mujeres, aprender a leer y escribir es como salir de las tinieblas” dijo Aicha Barki que trabaja en una ONG en Africa para dar voz y esperanza a la mujer. Hay muchas mujeres, quizás no tantas, que se negaron a resignarse ante una parte del mundo en el que la injusticia o la tradición de sus países les impide crecer, desarrollarse, o simplemente ser libres.

Sin las mujeres, el mundo no tiene futuro. Obviedad de las que conviene volver a repetir. Para mantener un ritmo de crecimiento económico sólido y constante hasta el año 2030, los países además de crear la cantidad y calidad de empleos necesarios, deberán apostar por la educación, capacitación e inclusión de las mujeres en el mercado laboral. Cuando aumenta la participación de las mujeres en la actividad laboral se produce un impulso en el ritmo de incremento del Producto Interno Bruto.

La suma de estos datos y realidades (unas desconocidas, otras famosas) nos deja una sola certeza: que la fuerza, la energía y, en concreto, el instinto femenino es lo que nos empuja hacia el futuro. Indudablemente el futuro es de la mujer.

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1 Comment
  1. Emma Giner Pablo

    Andy, millones de gracias por un post tan bien documentado! Qué interesante observación lo del pelo corto! :-)
    Una de las grandes responsabilidades que tenemos hoy es educar a nuestras hijas para que piensen en grande! Cuando veo a mi hija de 3 años que juega a ser una superheroína que salva el mundo no me puedo sentir más orgullosa. De nuevo, gracias.

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