El Foro Económico Mundial de Davos es uno de los eventos globales a los que vale la pena prestar atención. La crème de la crème del poder económico y político mundial se une en la ciudad suiza para contarle al mundo su visión del mismo. O al menos la visión que ellos quieren que el mundo conozca. Entre reyes, políticos, empresarios, presidentes de países, hasta el mismo papa, se suceden las jornadas bajo una intensa nevada que le da un toque mágico, aunque a veces la realidad de ciertos datos pone a la magia en segundo plano. El 67% de los CEOs cree que la tecnología, no la humanidad, es la clave del futuro de sus empresas. Un dato que pone de manifiesto la confusión generalizada que habita en la visión del futuro de muchos de los que manejan los hilos del mundo de hoy. Digo muchos, pero no todos.

De las muchas entrevistas, una que destacó fue la que le hicieron a Jack Ma, CEO del gigante corporativo Alibaba. Habló de muchas cosas, entre ellas del libre comercio, “no usen el comercio como arma”, pidió. Pero lo que más captó mi atención fue que cuando dijo que “es hora de cambiar la forma en que enseñamos. No tiene sentido enseñar habilidades que tienen las máquinas. Hay “habilidades blandas”(soft skills) que los humanos siempre tendrán pero las máquinas no pueden tener. Son esas habilidades las que debemos enseñar.” Es absolutamente revelador que Jack Ma ponga el ojo en la educación. Y no solo hace bien sino que revela parte de los desafíos a los que nos enfrentamos en esta era de cambio, y pone el foco en la persona, no sólo en la máquina.

En una entrevista en el Diario de Avisos de abril del pasado año, respondí así a una pregunta que iba en esa dirección: “Para mí todo empieza y acaba en la educación. Hoy por hoy no se trata tanto de que los niños aprendan a diseñar robots, sino de que aprendan a no parecerse a ellos. Estamos hablando permanentemente de que es importante la codificación, la programación, que los niños sepan de software, y lo que te preguntas es qué pasa con las habilidades sociales, dónde queda el pensamiento crítico o esa capacidad de dudar de las cosas. Hoy la educación se enfrenta a ese gran dilema”.

Volviendo a Suiza, el profesor Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, cree que en breve viviremos una nueva fase como seres humanos que se construirá en torno a los “sistemas ciberfísicos” con el desdibujamiento de los sistemas físicos, digitales y biológicos. La famosa singularidad, en la que el hombre y la maquina son indivisibles, está a la vuelta de la esquina. Schwab se suma así a las ya concebidas predicciones de Ray Kurzweil, en las que vaticina que “no habrá diferencias entre máquinas y seres humanos”.

Todo lo nuevo, sobretodo si transforma de manera tan revolucionaria la vida abre un sinfín de preguntas, de dudas, incertidumbres, oportunidades y desafíos. A esta utopía tan real, se le adelantan en la fila de preocupaciones más coyunturales, ámbitos como la máquina ocupando tu puesto de trabajo, el robot ocupando un lugar en tu lecho matrimonial, un algoritmo cambiando el curso de unas elecciones y tantos otros.

A las cuestiones planteadas, que a priori parecen tan lejanas, se le suman las implicaciones éticas, sobretodo aquellas que empiezan a emerger como las de mayor calado en la actualidad. Las mismas van desde lo cercano, ¿cómo influyen los algoritmos detrás de Google, Twitter y Facebook en todo, desde nuestras emociones hasta nuestras elecciones?. De hecho desde la misma Facebook se reconoció que “el uso generalizado de las redes sociales puede ser dañino para la democracia”, extendiendo la responsabilidad a las demás también. Fue Katie Harbath, jefa de políticas globales de Facebook que comunicó que “ahora estamos más dispuestos que nunca a combatir las influencias negativas y asegurarnos de que nuestra plataforma sea una fuente incuestionable para el bienestar democrático”. Nunca es tarde, aunque a veces es más tarde que otras.

Decíamos que las implicaciones afectaban desde lo más inmediato al medio y largo plazo, ¿qué pasará si los vehículos autoconducidos eliminan los puestos de trabajo de los conductores de camiones, de taxis, de repartidores, logística, correos y de los pilotos de aviones y helicópteros?. Cuando los 1,8 millones de empleos de conducción de camiones (sólo en Estados Unidos) estén automatizados, necesitaremos encontrar una forma de reciclar a esas personas, pero a corto plazo la prioridad será ayudarlos a poner comida sobre la mesa.

Fue en el ámbito de la apertura de esta edición 2018 del Foro Económico Mundial de Davos que hasta el mismo papa Francisco, incitó a “que los robots deben contribuir al servicio de la humanidad. Sólo entendiendo la dimensión de esta realidad podremos abordar los desafíos que la misma nos propone.”

En el mismo ámbito de los robots, la Unión Europea está considerando actualmente la necesidad de redefinir el estatus legal de los mismos, con un borrador de informe que sugiere que los bots autónomos podrían, en el futuro, recibir el estatus de “personas electrónicas”, una definición legal que confiere ciertos derechos y obligaciones. Esto que estamos viendo como sucede suena como a ciencia ficción y en principio llama la atención que estemos tan preocupados por los derechos de los robots, por encima de otras prioridades mas apremiantes, cuando cualquier ingeniero diría hoy que estamos muy lejos de ver marchas de robots por los derechos civiles.

¿Veremos a los robots marchar por sus derechos? ¿Existirán los sindicatos de robots?

Para mi el país más avanzado en este ámbito no es Estados Unidos, sino Corea del Sur. El Gobierno de Corea del Sur prepara la publicación de un código ético para prevenir los abusos de humanos a robots y viceversa. “El Gobierno establecerá una serie de principios éticos relativos al papel y a las funciones que desempeñan en la actualidad los robots, teniendo en cuenta que en el futuro irán adquiriendo tareas que impliquen una inteligencia mayor”, explicó el ministro de Comercio, Industria y Energía. Por cierto, todos los hogares coreanos tendrán un robot para que les facilite las tareas diarias antes de 2020.

(Una de las cosas que me gustaría remarcar es que bajo ningún aspecto planteo el tema de los robots como una confrontación con el ser humano, por el contrario entiendo la relación hombre-robot como complementaria, no suplementaria.)

Las máquinas son mejores que el hombre en cálculos, procesamiento de datos, análisis matemáticos, pero en todo lo demás aún no y están lejos de serlo. Los robots más evolucionados no son más que el equivalente de un niño en parvulario. La inteligencia artificial es como un niño, un hoja en blanco sobre la cual se pueden inscribir los valores básicos y que, con el tiempo, podrá aplicar en escenarios imprevistos. Los seres humanos adquieren una sensación intuitiva de lo que es éticamente aceptable observando cómo se comportan los demás (aunque con el peligro de que podamos aprender mal comportamiento cuando se nos presentan modelos de conducta erróneos). Los padres no dejan que sus hijos vayan por un camino desde el minuto cero, los introducen al tráfico lentamente. Con la IA pasa lo mismo. Aunque nadie quiere esperar el tiempo que se tarda en formar un niño, en educarlo en enseñarle para aplicarlo en las máquinas.

Sobre la Unión Europea, hay más, en la actualidad se está debatiendo sobre las nuevas leyes que se pretenden amortizar en Europa a petición de la comisión de Asuntos Jurídicos del Parlamento Europeo y parece necesario regular la identificación de los robots para que las personas sepan que están en contacto con ellos. En algún punto estamos viendo como otros países crean, diseñan, desarrollan, comercializan robots y nosotros nos focalizamos más en la norma que en lo creativo.

Por otra parte la legislación en general viene casi con una década de retraso en relación a todos los avances en estas materias. En primer lugar hasta que no haya “robots-humanos” la necesidad de crear un identificador de robots no la veo. Hoy se ve y se identifica claramente un robot en esta parte del mundo. Algunos podrían a Harmony, la primera muñeca sexual con inteligencia artificial, como excepción. El precio de la nueva sex doll inteligente, con sentimientos y capaz de llegar al orgasmo supera los 8.000 dólares. Otros podrían mencionar a Gabriel, el primer muñeco erótico para mujeres. La sexóloga inglesa Karley Sciortino lo recomienda ampliamente, lo ha probado y le encantó: “es casi escalofriante: es absolutamente ‘indistinguible’ de una persona real. Tú tienes el control por completo. Con un muñeco puedes aprender a hacer que el sexo funcione para ti, probar velocidades y ángulos. Puede ayudarte a entender tu cuerpo y eso es algo que le da poder a una mujer.”

Estas excepciones destacan entre la gran mayoría de robots que todavía son bastante aparatosos, bien parecidos entre si, y muy reconocibles. Quizás en el futuro en que la fusión hombre maquina se vea reflejada en robots en cuerpos humanos, o quizás como se comenta con mayor asiduidad, lo contrario, humanos en cuerpos de máquinas. Si el latir de las películas o series de ciencia ficción anticipan lo que está por venir, Westworld y Altered Carbon son claros ejemplos, cercanos y tangibles de esa unión entre lo biológico y la máquina.

Otro ámbito interesante, inquietante y relevante es el emocional.

¿Acaso quien busca enamorarse necesita saber si se enamora de una persona o de un sistema operativo? ¿o simplemente quiere enamorarse? ¿Cuál es el marco ético de las máquinas? ¿Deben pagar seguridad social e irpf? ¿Deben tener derechos? ¿Cuáles son sus obligaciones? ¿Se permitirá el casamiento entre hombre y maquina? ¿Podrán enseñar los robots en centros educativos? ¿Debe la modificación de genes ser legal para manipular a la raza humana y crear “bebés de diseño”?¿qué pasaría si una prueba prenatal predijera que su hijo tendrá un coeficiente intelectual de 90 puntos, por debajo del promedio, a menos que le haga una pequeña modificación? ¿Qué pasaría si solo las personas ricas pudiesen usar estas tecnologías?

Ya nos estamos enfrentando a estos dilemas. A medida que entramos en la nueva era digital, ¿necesitamos un nuevo conjunto de normas codificadas globales? ¿Puede este mundo que avanza a tantas velocidades ponerse de acuerdo en estos asuntos?

Mientras el mundo intenta absorber tantos avances, la educación queda siempre relegada en la lista de prioridades. Al menos, cada tanto, algunos como Jack Ma vuelven a ponerla en titulares.

En esta era tan digital volver a poner en valor la capacidad innata de los niños de crear, de imaginar, su capacidad de preguntar, su curiosidad, su autenticidad. En los colegios creen que enseñando informática, a codificar y a usar tabletas los niños ya están en la era digital. Y no. Los niños deben aprender que la tecnología es un medio, no un fin. Ellos deben ser preparados para un mundo hacia el que se dirigen y que no existe. La tecnología en dicho futuro no será el factor diferencial, si lo serán sus habilidades sociales, su creatividad, su empatía y sobre todo el uso de la maquina mas poderosa que conocemos en el actualidad: el cerebro humano.

Por otro lado, nos preguntamos ¿si la educación en tecnología, tanto creación como uso responsable, permite precisamente formar una ciudadanía crítica y participativa? Albert Einstein se lamentaba cuando veía el uso que se le estaba dando a sus descubrimientos. Si en vez de la bomba atómica hubiesen creado la bomba de amor, el mundo no estaría en estado de guerra permanente sino construyendo un planeta en paz, armonioso, colaborativo y poniendo en valor la diversidad. Enseñar desde pequeños a diferenciar entre el bien y el mal, lo responsable y lo que no lo es, o simplemente entre lo que tiene sentido y lo que no, es casi más importante que la educación en tecnología. Antes de entender de tecnología tienen que entender de personas. Aspectos como la filosofía, la psicología, la sociología y la antropología deberían ser parte del combo de inmersión hacia el apasionante mundo del progreso tecnológico. 

Para poder formar una ciudadanía crítica y participativa vamos a necesita que cambien muchas cosas, no sólo en la tecnología, sino en los planes educativos, en los profesores, en los padres y en la cultura y la mentalidad de nuestra sociedad en general.

El acceso al conocimiento es la base de la igualdad de oportunidades. ¿Qué rol tendrá en nuestro futuro el conocimiento de tecnología? Es igual de importante que otros. ¿Acaso es más importante el conocimiento de tecnología que de medicina o de ecología o de ingeniería? Nuestra sociedad dio un salto hacia la tecnología sin haber pasado por etapas necesarias para llegar mejor preparados a esta era. 

Lo que se viene depende más de nosotros como humanidad que de los robots.

“Ante las numerosas barreras de la injusticia, la soledad, la desconfianza y la sospecha en nuestros días, el mundo del trabajo está llamado a dar pasos valientes para que ‘ser y trabajar juntos’ no sea simplemente un eslogan sino un programa para el presente y el futuro” (Ibid.). Solo a través de una resolución firme compartida por todos los actores económicos podemos dar una nueva dirección al destino de nuestro mundo. También la inteligencia artificial, la robótica y otras innovaciones tecnológicas deben emplearse de tal manera que contribuyan al servicio de la humanidad y a la protección de nuestro mundo, y no lo contrario, como lamentablemente algunas estimaciones prevén.

No podemos permanecer en silencio frente al sufrimiento de millones de personas, ni podemos seguir avanzando como si la propagación de la pobreza y la injusticia no tuvieran ninguna causa. Es un imperativo moral, una responsabilidad que involucra a todos, crear las condiciones adecuadas para permitir que todas las personas viva de manera digna. Al rechazar una cultura “desechable” y una mentalidad de indiferencia, el mundo emprendedor tiene un enorme potencial para lograr un cambio sustancial al aumentar la calidad de la productividad, creando nuevos empleos, respetando las leyes laborales, luchando contra la corrupción pública y privada y promoviendo la justicia social, junto con el reparto justo y equitativo de las ganancias.

Existe una gran responsabilidad de ejercer con sabio discernimiento, ya que las decisiones tomadas hoy serán decisivas para configurar el mundo del mañana y el de las generaciones futuras. Por lo tanto, si queremos un futuro más seguro, uno que aliente la prosperidad de todos, entonces es necesario mantener la brújula continuamente orientada hacia el “verdadero norte”, representado por valores auténticos. Es hora de dar pasos valientes y audaces para nuestro amado planeta. Este es el momento adecuado para poner en práctica nuestra responsabilidad de contribuir al desarrollo de la humanidad.”

Estos últimos tres párrafos son palabras pronunciadas por el papa Francisco en el Foro Económico Mundial de Davos 2018 que acaba de comenzar. Cuando temas como la inteligencia artificial, la robótica, las nuevas tecnologías, el cuidado del medio ambiente se meten de lleno en la agenda de ámbitos como el Vaticano podemos confirmar que algo esta cambiando en este mundo.

También personas como Leena Nair, la Chief Human Resources Officer de Unilever abogó por aquello que venimos compartiendo hace tiempo: “Necesitamos recuperar el control, replantear el argumento y comenzar a poner humanos, no tecnología, primero. Necesitamos ser más humanos.

Para acabar, si repasamos las “habilidades blandas” a las que hacía referencia Jack MA (gestión del cambio y del tiempo, comunicación, interacción personal, negociación, resolución de conflictos y del estrés, motivación, delegación, y  hablar en público) podremos volver a poner el foco en lo urgente que coincidentemente es lo importante: la educación de una sociedad que ni estuvo ni está preparada para esta nueva era. Una educación en todos los ámbitos, empezando por algo tan esencial como recordar que la tecnología debe estar al servicio del ser humano y no al revés.

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