¿Cuándo fue la última vez que te preguntaste algo por primera vez? Hay días en que resulta esencial volver a hacer preguntas y otros en que preguntar cosas nuevas abre la mente en canal. En un mundo a alta velocidad, la mayoría de gente no se hace preguntas, ni las hace. Esto que pasa a nivel macro también pasa en los centros educativos y en los hogares. Muchos jóvenes han perdido la ilusión de preguntar. Ya sea porque los profesores no lo incitan y tantos otros, corriendo detrás de un calendario y un programa, se preocupan mas por lo administrativo que por lo esencial. Muchos niños temen preguntar por miedo a ser castigados por ello. Y en este contexto vemos como cada día mueren más y más preguntas.

No resulta complicado entender a unos y a otros, pero entre unos y otros no aparecen soluciones que cambien esta dinámica. Varios jóvenes han compartido que tras ver que su profesor de matemáticas avanzar en sus clases sin ocuparse ni preocuparse de si los alumnos comprenden, muchos de ellos terminan aprendiendo matemáticas en YouTube. Esto sucede fuera del horario de clases. Frustra ver como el profesor ignora lo que sucede y que la tecnología ocupe el sitio que le correspondía a él. Que no sorprenda si en el futuro cercano, muchas clases terminan siendo dadas por ordenadores que no solo cumplen con el mismo rol de transmisión de información sino que además lo hacen de una forma más entendible y didáctica.

Este escenario, tan posible como real, nos lleva a realizarnos nuevas preguntas. Preguntas que recurrentemente nos asaltan ante este tipo de sinsentidos escolares. Por ello nos preguntamos ¿En qué tipo de mundo estamos viviendo? ¿Hacia qué modelo de mundo nos dirigimos? ¿Qué mundo queremos construir? ¿Qué le estamos transmitiendo a nuestro jóvenes? ¿Qué ejemplo estamos dando? Sin dudas, el mundo hacia el que vamos es desconocido para todos. Imaginar cómo será, por ejemplo, en 14 años es difícil de lograr, aunque ese año 2030 ya está más cerca nuestro que el año 2000. Sin embargo, si las nuevas generaciones –entre ellas la Generación Y y la Z- que ya nacieron en un mundo casi digital o digital fueran estimuladas en el desarrollo de sus capacidades creativas, el futuro sería, casi seguro, un espacio mejor.

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Creatividad.

La creatividad es el estado natural de los niños y los jóvenes. Para el niño la vida es una aventura creativa. A medida que se van haciendo mayores, esa creatividad va mermando. ¿Dejan de crear porque dejan de ser niños o dejan de ser niños porque dejan de crear? Existen algunos estudios que mencionan que a partir de los 10 años, aproximadamente, el niño creativo se transforma en un niño del sistema. Esto significa que sus ganas de preguntar, de descubrir, de explorar, de inventar se anestesian o simplemente se extirpan. No decimos nada que no sea de conocimiento público y que no este fundamentando en estudios sino en la simple observación de los hijos. Capar la creatividad y la imaginación es aberrante y poco o nada se está haciendo para dejar de hacerlo. Por lo tanto emergen nuevas preguntas: ¿Y si en lugar de adaptarnos a nuevos parámetros en educación marcados por cambios ya establecidos, creáramos un nuevo paradigma basado en la creatividad? ¿Y si con esa premisa, pudiéramos entonces encauzar el potencial de cada niño a sus áreas de interés? Desde que nacen, formarlos para crear ahí donde no hay nada. Para que sus inquietudes no acaben a la década de haber nacido sino que los trascienda.

Es casi como si tuviéramos que reinventar la forma de educar en la primera infancia. Necesitamos encontrar nuevas formas de educar que permitan que en los niños florezca la creatividad. Que la infancia vuelva a ser infancia. Que todo el potencial que tienen dentro pueda desarrollarse. Los niños son creatividad en estado puro, son un tesoro.

¿Cuántas cosas que los jóvenes aprenden en el colegio les serán útiles para su vida?

Estamos en un momento de redefiniciones. Necesitamos liderazgos creativos, que incorporen la experiencia de los jóvenes de hoy que llevan en su ADN lo digital. Sin renegar de la necesidad de tener una base de formación académica fundamental, la experiencia de aprender va más allá del aula, de la biblioteca, del patio del recreo. En el MIT Media Lab me contaron que un estudiante de los primeros años empezó a estudiar la relación entre las hormigas y la luz ultravioleta. Tras meses de observación y análisis presentó un trabajo en el cual demostraba como las hormigas modificaban su camino para seguir un nuevo camino iluminado por esta luz. Su descubrimiento puede afectar a ecosistemas enteros, parques, plazas, incluso selvas. El joven pidió al MIT Media Lab que le permitiese profundizar su estudio y consiguió que el Zoo de Nueva York le abrierá sus puertas para ampliar su observación y obtener nuevas conclusiones. Imaginemos por un instante a un estudiante de la ESO o de la mayoría de las Universidades de nuestros pagos que viniese a ver a un profesor con esta inquietud. ¿Cuál creen ustedes que sería la respuesta?

¿Cómo transformamos el sistema para que los jóvenes puedan romper reglas, inventar nuevos y mejores futuros, experimentar sin temor a recibir un castigo por equivocarse? ¿Cómo hacemos para que los jóvenes se animen a tener instinto emprendedor, a dejar atrás la idea de la “seguridad” para sumergirse en la movilidad laboral? ¿Qué esperamos para entender que estamos viviendo en una aldea global, con cambios globales y que para ello se necesitan mentes abiertas sin fronteras para el cambio?

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Descubrimiento.

En un estudio de personas que dieron forma al siglo XX con su genio creativo, Howard Gardner, psicólogo y profesor de la Universidad de Harvard, descubrió que, aunque cada una de ellas había alcanzado los límites de su ámbito, tenían en común algo que parece haber sido una frescura infantil en la manera de abordar su trabajo. Si volvemos a repasar la lista de algunos de los genios de los siglo XIX y XX nos encontraremos con que a los 20 años, Pablo Picasso podía pintar tan bien como cualquiera en el mundo. A esa misma edad Albert Einstein podía hacer tan bien física como cualquiera. Tomas Edison, uno de los grandes inventores de la historia, dijo: “no he fracasado. Simplemente he descubierto diez mil alternativas que no funcionan”. Las mentes curiosas crean cosas que antes no existían. No se puede crear sin conocimiento, pero no se puede inventar sin imaginación.

Los grandes descubridores han tenido que luchar contra el rechazo de una sociedad temerosa hacia lo nuevo. El sistema educativo español no contempla la posibilidad de equivocarse como parte del proceso creativo. Es por ello que el miedo al fracaso sea una de las barreras más complejas de superar no sólo en la vida de un estudiante sino a lo largo de toda su vida. Si los mayores fuesen verdaderamente conscientes de que una persona que pierde el miedo a equivocarse es una persona que puede experimentar, inventar, cambiar el mundo a mejor, todo sería distinto. Si en vez de que a cada error le siguiera un castigo, el profesor o el maestro lo alentase a seguir intentándolo, estaríamos educando a gente con confianza y seguridad en sí mismos. Pocas herramientas más poderosas para un niño o un joven que la autoconfianza.

Las personas (con la excepción de aquellas personalidades muy fuertes) perderán la poca confianza que ya tienen en sí mismas si permanentemente se penaliza la equivocación. En el MIT Media Lab nos decían que ellos se han encontrado que en infinidad de ocasiones, cuando el alumno se equivoca, termina abriendo caminos o puertas que ni siquiera se habían imaginado. No lo ven como un problema, sino como una oportunidad.

Probablemente en esta época podamos aplicar más que en ninguna otra, la mítica frase de Albert Von Szent Gyorgyi acerca de lo que significa el descubrir: “El descubrimiento consiste en ver lo que todo el mundo ha visto y pensar lo que nadie ha pensado.” Y para ello debemos cambiar nuestra mentalidad. Seguramente, al brindar a los jóvenes las herramientas para crear, para imaginar, para desarrollar los dones que llevan dentro, el mundo que imaginamos puede que se transforme en real.

Estamos en un momento de caos y desorden, del que se puede salir con creatividad e imaginación. En esta época, mandan los innovadores. Por eso, se revalorizan los activos intangibles, la apertura mental y la multiculturalidad. Aunque la tecnología dirija el cambio, se humaniza el trato. Fracasan los exitosos de antes. Permanentemente irrumpen nuevas empresas. Todos sabemos que los más pequeños nos hacen sentir más jóvenes de espíritu. Además, ellos pueden ayudarnos a visualizar el futuro. Cuando los padres, profesores, tutores y maestros alientan la creatividad de los niños, descubren lo que ahora confirman los psicólogos: la mayoría de los niños tiene un talento, un don natural, una aptitud (o varias) para una actividad. 

Hace ya muchos años tuve la oportunidad de estudiar parte del secundario en Estados Unidos. El tema de una de las clases era el “apartheid”. Nos llevaron a la biblioteca del colegio y nos separaron en dos grupos. Nos dieron una revistas y unos periódicos (Time, Newsweek, Economist, The New York Times, etc.) y nos dieron un tiempo para recopilar toda la información relacionada con ello. En ese tiempo debíamos leer todo lo que saliese en esos medios sobre SudÁfrica y el “apartheid”. Luego ambos grupos debatirían. Un grupo debía defender el sistema y el otro atacarlo. Para ello había que documentarse bien, elaborar una sólido argumentario, encontrar los puntos fuertes de su postura y los débiles de la de los contrincantes. Cada grupo debía dejar de lado su timidez y su desconocimiento para subir al estrado y defender su postura. El ejercicio fue realmente inolvidable. Nos sumergimos en el apartheid viviendo la experiencia de leer, dudar, preguntar, organizar, razonar, argumentar y comunicar. En la vida “no puedes crear la experiencia, debes experimentarla”, como afirmaba con sabiduría Albert Camus. Muchos años después un tema tan sensible como el apartheid quedo siempre presente en nuestro intereses, a la vez que aprendimos que antes de hablar hay que informarse y que no siempre gana el que tiene razón, sino el que argumenta mejor y comunica de manera mas convincente. En el teatro de la vida hay que exponerse, subir al escenario, razonar, discutir, sentir, debatir, dejar atrás los temores, aprender con las vivencias, escuchar, introducirse en diferentes mundos. Asumir que el mundo es imperfecto.

Resulta casi inverosímil ver una clase de debate, un grupo de estudio bien tutelado o guiado por un profesor, un grupo apasionado preparando argumentos. Lo que se observa son niños tensionados, estresados y agobiados que al final del día no aprenden sino que sufren.

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Cambio.

Qué el cambio no es ni será sencillo no hay ninguna duda. Vaya si no lo es. Es de los cambios más complejos a los que como sociedad debemos enfrentarnos, y sin embargo uno de los procesos más necesarios Los jóvenes creen en el ejemplo de sus mayores no en las palabras. Los jóvenes creen. Cada joven como cada padre y cada maestro es diferente, sin embargo todos tiene algo en común: la necesidad de aprender, de compartir, de crear, de experimentar. De hacer del mundo un lugar mejor.

Sobre padres e hijos cuando le preguntaron a Eve y Ted Branson, los padres del fundador del Grupo Virgin, acerca de cómo era Richard en la escuela, ellos respondieron: Digamos que era inusual en la escuela. No sabíamos si era 99% estúpido o 1% excepcional. Nos aferramos a ese 1%”.

Hace un par de años nos invitaron a dar una conferencia magistral en uno de los colegios más prestigiosos de Latinoamérica. Antes de la misma, el colegio organizó una comida con los 10 jóvenes con mejores notas de todos los cursos superiores. En la comida, además de ellos, el Director, algunos profesores y autoridades, no más de 20 personas en total. Entre plato y plato consulte a los estudiantes que carrera universitaria pensaban seguir. Las respuestas se concentraban en “abogacía”, “administración de empresas” y “arquitectura”. Cuando pregunté a cada uno cual era el trabajo de sus padres, las respuestas se concentraban en: “es abogado”, “son arquitectos”, “es empresario”. Había una correlación absoluta entre el trabajo de los padres y la carrera que los niños iban a seguir. Fue entonces, cuando dejando que pasaran unos minutos, re pregunte, y ¿que les “gustaría” estudiar? Entonces la futura abogada respondió que diseñadora de interiores, el futuro empresario que marketing y publicidad y los futuros arquitectos, veterinaria. El peso del entorno no estaba siendo positivo a la hora de hacer que los jóvenes tuvieran que elegir entre el deber y el querer. Entre lo impuesto y su verdadera vocación.

Los padres tienen una enorme responsabilidad a la que muchas veces no prestan demasiada atención. Y es en esa atención donde vamos cimentando el futuro de nuestros niños, de nuestra sociedad y de nuestro mundo. Es un buen momento para hacer nuevamente la gran pregunta de si ¿Estamos educando con un buen ejemplo a las futuras generaciones?

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3 Comments
  1. Alan Loayza

    Colegios, Institutos y universidades deberían convertirse en espacios para la co-creación, comunidades de curiosidad alimentados por la experiencia de guías. Inevitable que esto suceda.

  2. Clara Gisella

    Excelente artículo, me invita a la reflexión respecto a cómo seguir aportando para estimular la creatividad y la realización personal de las personas, muy especial de las y los jóvenes, las niñas y los niños.

  3. Severina

    Cuando era niña, quien era diferente o hacía cosas diferentes era raro y/o marginado. Yo pertenecía este grupo, pero encontré algunos profesores por el camino que me motivaban y estimulaban, a ellos los llamaba mentores.
    Cuando crecí y empecé a trabajar en diferentes empresas, me pasó exactamente lo mismo. Me iba de las empresas que no dejaban volar mi creativdad porque me frustraban y sólo me quedaba al lado de aquellos que me empujaban hacia delante.
    Estoy muy de acuerdo con esta frase “Necesitamos liderazgos creativos, que incorporen la experiencia de los jóvenes de hoy que llevan en su ADN lo digital”, necesitamos más mentores.
    El artículo me ha ayudado a recordar y en consecuencia , a reflexionar, sobre la educación y en una escala mayor, sobre mundo laboral al que nos enfrentamos. – Jefes de la vieja escuela hechos de miedos y jóvenes digitales hechos de sueños -. Gracias por este artículo.

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