El gran cambio empresarial, educacional, social, no lo ha generado la crisis pero lo ha acentuado y acelerado. El mundo vive en un proceso de cambio permanente por eso lo que no hay que perder de vista es la visión a medio y largo plazo. Las marcas y las personas están siendo protagonistas de esta nueva era. Los elementos claves para destacar: coherencia, autenticidad, confianza, evolución, innovación y creatividad. 

Hace ya 5 años, cuando el Boston Consulting Group consultaba las prioridades estratégicas de las organizaciones de todo el planeta, 7 de cada 8 compañías habían establecido que la creatividad y la innovación se quedaban en el número 1. 

«Los imperios del futuro serán los imperios de la mente” solía decir Winston Churchill hace ya mucho tiempo. Y parece que finalmente ese tiempo ha llegado. Un nuevo mundo necesita de nuevas ideas, nuevas preguntas, nuevas estrategias y, fundamentalmente, de nuevos conceptos., diseños y acciones. Este es un buen momento para fomentar la noción de confianza en las marcas y la gente y asegurarles longevidad, aspectos que les ayudarán a posicionarse más allá de la crisis y más allá de las nuevas décadas. 

El Renacimiento del talento. 

La carrera global se juega en gran medida en el terreno de la innovación así que el talento debería ser el verdadero motor de la transformación. Klaus Schwab, fundador del World Economic Forum (WEF), lo ha expresado de este modo: «Nos movemos desde el capitalismo al talentismo«. 

En apenas 5 años la Generación Y, también llamada Millennials, va a representar el 75% de la mano de obra.

En el libro de Vivek Wadhwa, “The Immigrant Exodus”, se analiza cómo las economías abiertas tienden a crecer mas rápidamente que aquellas cerradas. Allí se destaca el esfuerzo de países como Australia, Canadá, Singapur y Chile por atraer el talento. Un ejemplo de sus políticas: con menos del 10% de población de Estados Unidos, Australia emite 126.000 “green cards” comparadas con las 140.000 que entrega aquel país. 

Cambios.

También las grandes empresas deberían comprender la diferencia que existe entre lo que nunca se debe cambiar y lo que puede estar abierto al cambio, entre lo que es genuinamente intocable y lo que no lo es. 

Las pocas marcas que disfrutan de un éxito duradero tienen un propósito y ciertos valores que son los que deben mantenerse fijos hacia dentro, flexibles con la coyuntura. Mientras que los planes, las estrategias y las prácticas comerciales se pueden ir adaptando indefinidamente a un mundo en permanente transformación. 

En un período de tiempo muy breve, las tecnologías de la comunicación han dado lugar a un nuevo sistema, que ha cambiado en profundidad la cultura y la economía. Se podría afirmar que estamos viviendo otro Renacimiento, donde la clave estará en el talento, la creatividad y la capacidad de adaptarse a los cambios. O, mejor aún, de generarlos. 

Al final del día para las marcas, las empresas, las personas, hay dos opciones: predecir el futuro o crearlo. Si nos preocupamos de predecir el futuro asumimos que hay otros creándolo. La gran ventaja para los que queremos crear un futuro mejor, es que tenemos que trabajar hoy para que lo que pase dentro de unos años suceda. 

Sin límites. 

En el año 1962, John F. Kennedy compartió su plan de llevar a la humanidad a la luna. Y parte de su discurso decía:

“Sus peligros son hostiles para todos nosotros. Su conquista se merece lo mejor de toda la humanidad y la oportunidad que nos ofrece de cooperar pacíficamente podría no volver a presentarse. Pero, preguntan algunos, ¿por qué la Luna? ¿Por qué elegimos esta meta? Y de la misma forma podrían preguntar, ¿por qué escalamos la montaña más alta? O, hace 35 años, ¿por qué cruzamos el Atlántico en avioneta? […] Hemos decidido ir a la Luna. Hemos decidido ir a la Luna en esta década, y también afrontar los otros desafíos, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles, porque esta meta servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y aptitudes, porque es un desafío que estamos dispuestos a aceptar, que no estamos dispuestos a posponer[…]”.

El 20 de Julio de 1969, a las 10:56 hora de Florida, ante la mirada de millones de personas alrededor de todo el mundo, el hombre llegó a la luna. Mientras descendía por la escalera del módulo, Neil Armstrong proclamó la famosa frase: «Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad».

Nuestra luna, hoy, es poder re fundar la sociedad, la forma en que hacemos, compartimos, consumimos, creamos, vivimos. Es nuestro gran desafío y no será fácil ni rápido, pero como toda gran misión, es impostergable.

No será fácil, pero valdrá la pena. Demos el paso. 

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