“Barcelona”, exclamó Don Quijote, es “archivo de la cortesía, albergue de los estranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única.”

Barcelona fue mi segunda casa no una sino dos veces. La primera en 1996 cuando me fui a hacer un Máster. La segunda fue cuando con mi mujer y mi hijo mayor nos establecimos para comenzar una nueva vida. Barcelona siempre ha sido, desde la primera vez que la visité, meses antes de que albergará los Juegos Olímpico (“los mejores de la historia”) una ciudad especial.

La ciudad condal es simplemente mágica. Tiene una energía especial, dinámica, colorida, atrapante. La sentí en el 92, en el 96 y entre 2002 y 2005 que vivimos allá. Mi trabajo me llevó a viajar mucho, y cada regreso a El Prat, era como volver a casa. A mi nueva casa.

Ayer fue un día en que la maldad quiso destruir la magia, el dinamismo, el color, esa energía de Barcelona arremetiendo contra gente inocente que paseaba, trabajaba, se encontraba o simplemente caminaba por las ramblas. Para acelerar en una camioneta sobre unas ramblas repletas de personas hay que ser muy pero muy cobarde, además de muy mal nacido, mal vivido. Muy cobarde para atropellar a gente inocente, por detrás, a niños pequeños, a sus madres, sus padres, a la gente mayor, a jóvenes que están en la flor de la vida. Cobardes escudados detrás de un misión sin más sentido que el de destruir asesinando. Porque los terroristas no son ni mas ni menos que asesinos a sueldo, unos cobardes asesinos que no saben ni pueden combatir con ideas, con propuestas, con argumentos, en el marco de un mundo que progresa y avanza. No saben ni pueden hacerlo porque solo les han enseñado y solo han aprendido a odiar y a destruir. Pero no desde la batalla abierta, cara a cara, sino desde las sombras, la oscuridad, la cobardía de atentar contra los más débiles.

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Pero Barcelona es fuerte, y todos los que viven o hemos vivido, todos los que la están visitando o la han visitado, todos los que han pisado alguna vez Barcelona saben de lo que estoy hablando. La magia de Barcelona no va a desaparecer por un grupo de cobardes que creen que matan en nombre de una causa mayor y convencidos de ello ponen el pie en el acelerador. Sus jefes y los jefes de sus jefes, tan o mas cobardes que ellos, no solo buscan la destrucción a través del asesinato de personas inocentes, no toleran la libertad, se les revuelve el estomago cuando oyen hablar de democracia, de valores, de derechos. Por la noche sueñan pesadillas cuando ven una Europa que rebosa cultura, deporte, arte, progreso. Los criminales no van solos en las furgonetas, hay estructuras poderosas y con mucho dinero que financian los crímenes. La cobardía es piramidal y estructural. Se esconde detrás de causas sin causa. Y tras esta causa el yihadismo ha asesinado a más de 600 personas en la Unión Europea desde 2004.

Los cobardes asesinos de Barcelona y de Cambrils, los cobardes asesinos de Berlin, Niza, Londres, Paris, Estocolmo y de tantas ciudades bellas abiertas, rebosantes de vida, vibrantes, buscan asesinar personas para asesinar una forma de vida. Un forma de vivir en la que las personas son importantes, en que la democracia y la libertad de expresión existen, una forma de vida en que hay libertades, derechos y obligaciones, una forma de vida que se abre al progreso a la evolución y que tiene en el centro al ser humano.

Resulta doloroso escribir, pero es la única forma que encuentro de sacarme la tristeza, la bronca, el dolor. Cuando atentan en nuestras ciudades atentan contra todos, nos quieren atropellar a todos. Y ninguno de todos nosotros puede ser indiferente a estos cobardes asesinos. Porque ellos no pueden ganar esta batalla. No van a ganar esta batalla. Vivimos tiempos extraordinarios y especialmente hoy, horas de dolor y duelo. Pero mañana, mañana mismo hay que seguir de pie, viviendo nuestra vida, disfrutando de la magia de nuestras ciudades, defendiendo todo lo que nos ha costado construir este espacio de libertad y de valores. Hay mucha gente valiente que se enfrenta día a día a la amenaza de los cobardes yihadistas que se mueven en las sombras y que no saben ni pueden convivir con este siglo XXI. Solo saben destruir que es lo único que saben hacer. Pero nosotros somos muchos y amamos la vida. Y vamos a pelear, cada uno desde la trinchera que le toca, para que nuestra vida sea mas vida que nunca. Y para que la cobardía sin disfraz deje de atropellar y asesinar a nuestra gente. Ellos nos odian y nos seguirán odiando. Nosotros, sin miedo, pero con firmeza, peleando contra estos desgraciados.

El terrorismo ataca a la democracia. A la vida. Sólo le importa destruir. No traten de entenderlo, sólo combatirlo, cada uno desde su lugar.

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Cuando en el año 92 viaje con mis amigos, mochila en mano por Europa, Barcelona fue una de las ciudades que mas disfrutamos. Recuerdo que paramos en un hostal de una estrella en el medio de las Ramblas. Cada mañana al salir a la calle y vivir el color y el bullicio compensaba de sobra el estar en ese hostal. Todo era vida.

Barcelona fue mi segunda casa no una sino dos veces. Y el dolor de ver y sentir que han atentado en mi casa me duele profundamente. En esta batalla que libramos sólo puede haber un ganador: la vida. Que la vida se haga sitio, que la cobardía deje de asesinar, que estos seres repugnantes sean llevados a juicio y condenados y que el color, la energía y sobretodo la magia de Barcelona vuelva a brillar, como hasta ayer a las cinco de la tarde, como desde hoy y hasta la eternidad.

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2 Comments
  1. Hace varios años tuve la fortuna de conocerte y a través de ti vivir la magia y el calor de Argentina y Europa. Hoy me duele lo que pasa en todo el mundo. Gracias por tu análisis crítico y humano. #8Abrazos

  2. Luis Rubinstein

    Nosotros los que te hemos visto desde tu más pequeña infancia, nos sentimos orgullosos de ti no solo por tus cualidades profesionales sino por tu calidad humana y refrendamos tus maravillosas palabras que compartimos sobre este doloroso suceso, fuerza Andy, sobrevivirá la civilización

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