Una crisis tan real como virtual.

Veníamos a mil por hora. Acelerados, ansiosos. Nos habíamos transformado en procrastinadores seriales. Consumíamos series sin parar, vivíamos la “vida loca” bailando “Despacito”, hundiendo nuestras cabezas en el universo digital. Acelerábamos sin freno, avanzando sin un destino claro. Y de pronto, como una locomotora del far west que frena en seco, oímos el grito agudo…